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Narrativa - Taller Librería Argonauta

De rumores y estrellas

Por Adrián Dománico - 7 de Octubre, 2008, 20:54, Categoría: Narrativa - Taller Librería Argonauta

Buen día queridos oyentes, bah, digo buen día por costumbre, por formalismo. Nada de bueno tiene este en particular. Ya me explayaré al respecto, soy Pablo Dorro y damos comienzo al programa 310 de “Pecadores con licencia”, el magazine radial por excelencia aquí en Radio Diametral, en el 92.7 de su dial de frecuencia modulada.

             PRESENTACIÓN

            Notarán que hoy estoy con los pájaros volados. Notarán también que estoy solo, ya que el señorito Santiago Horete (co-conductor) no se dignó a aparecer aún. Como si fuera poco me desayuno con la noticia de que un pasquín amarillento de la ciudad, publicó una nota donde se habla de mi supuesta homosexualidad, basándose vílmente en una frase que dije, la cual sacaron de contexto adrede. Y se hacen llamar periodistas. La frase es: “Soy una luciérnaga”, les informo a los oyentes y a nuestro operador que se ve que no lee los diarios. Hay que leer todo querido-reprendiéndolo-, aunque sea un pasquín inmundo, mínimamente los titulares y los copetes. Trabajás en los medios, sos un hombre de medios, tenés que estar medio informado. Estoy rodeado de inútiles.

Ah bueno, acaba de llegar la figurita difícil, el señor Santiago Horete nos va a honrar con su presencia. Mas luego aclararé lo de la frase de la luciérnaga. Ojo que no es por eso que estoy enojado, no. Ni porque el co-conductor llega a la hora que se le dá la gana, eso es llovido sobre mojado. Ya les voy a contar sin pelos en la lengua y con lujo de detalles por qué estaba “mojado”.Mientras nos acomodamos, vamos a ir con un tema musical, un estreno exclusivo de “Pecadores con licencia”. El tema es “Me dejó plantado” del Grupo Cactus, y luego, una breve tanda. Vamos ya que el horno no está para bollos.

TEMA MUSICAL

BREVE TANDA

            Parece mentira, che. Tras que no tengo bastantes quilombos hoy con el problemita que ya les voy a contar, más “éste” que llega cuando quiere, más lo de la luciérnaga, me acaban de informar que nuestra competencia, bah, competencia, lo que se dice competencia no son. Los segundones de siempre, los colegas de… bah, colegas, lo que se dice colegas tampoco son.Se ve que se recibieron de periodistas por correspondencia, y pareciera que se les extraviaron las clases de ética. No tienen códigos. Como les decía, me acaban de anoticiar que en Radio Cúbito se están haciendo eco de la farsa que saliera publicada hoy en ese diarucho de escasa tirada, la noticia de la luciérnaga, que me compete.

            La verdad oyentes que hoy eso me resbala, estoy tan caliente por lo que ya les voy a contar…a todo esto, Santi, ¿A vos que opinión te merece?

            -Yo opino…

            -¡Saludá a la audiencia maleducado!

-Perdón

-Incompetente, aprendiz. Venís a la hora que querés y encima no saludás. No aprendiste nada en estos más de trescientos programas al lado mío.

-Perdón, buen día estimados oyentes

-Me pregunto qué tendrán de buenos. No te das cuenta que el ambiente está caldeado, caes como un paracaidista y no tenés ni idea de lo que pasa.

-Sí, me demoré porque no encontraba lugar para estacionar, pero te venía escuchando.

-¡Mirá vos! El señor se dá el lujo de estar un rato del otro lado del mostrador. ¿Hacés el programa o sos oyente?

-Soy co-conductor.

-Ya te dije que no tartamudees al aire. ¿Qué tenés para decir de la noticia de la luciérnaga?

-Cada uno hace con su vida lo que quiere.

-Ah, ¡Judas! ¿Les creés? ¿Le das crédito a esa calumnia?

-Solo estoy sentando una posición, libre albedrío.

Libre vas a quedar vos, sin laburo. Como les decía antes, esto hoy me resbala, estoy muy caliente por lo que ya les voy a contar, después de este tema musical, otro estreno. Se llama “La libélula” de la Agrupación Mariposas Rosas (Pausa). Vamos con el tema…hoy mato a alguien.

TEMA MUSICAL

Bien, ya estamos de vuelta y sin más rodeos les voy a contar por que estoy tan enojado. Iba a venir al programa el astro del fútbol de todos los tiempos, Ángel “Gambeta” Gonzaga, reconocido mundialmente como el mejor jugador de todos los tiempos, tricampeón mundial con la selección, que brillara en todos los campos de juego del mundo y que tantas alegrías nos regalara con su zurda prodigiosa.Estaba todo dado, las gestiones encaminadas, pero a último momento surgió un martes 13. Su representante y compañero de fechorías, nos pidió 50 mil pesos. Sí, 50 lucas. No se si estoy mas triste por eso o por no contar con esa suma. Está bien que sea una estrella, que digo estrella, un astro. Un astro en serio.

Este no es como esas estrellitas internacionalmente famosas, este es mundialmente famoso. La diferencia entre una estrella internacionalmente famosa y una mundialmente famosa, radica en que las primeras van por ejemplo a Indonesia, Senegal, Togo, Cabo Verde o Las Islas Maldivas y no los juna nadie. De hecho van, y van por ese mismo motivo.Van en busca de del remanso, de paz y descanso, de escaparle a esa ajetreada vida de celebridad, signada por el acoso de los fans. Y luego de un par de días ya empiezan a extrañar ese asedio, esa ausencia de privacidad, la misma que los hizo huir. Comienzan a experimentar una suerte de síndrome de abstinencia. Abstinencia de flashes, de micrófonos, de asedio, tanto periodístico como del público. Y vuelven para sufrir ese placer. Paradójico.

Pero en el caso de Ángel “Gambeta” Gonzaga es distinto. Este es un Dios. Vaya a donde vaya es reconocido, ya sea en Chipre, Honduras, Filipinas, Yemen o Las Islas Turks & Caicos. Lo conocen, no hay sobre la faz de la tierra quien no haya visto sus goles o conozca de sus hazañosas faenas futbolísticas.

Es lógico entonces que una figura de su talla cobre por el sólo hecho de tener el privilegio de compartir un instante con él, de respirar el mismo aire que él. Claro, si estamos hablando de un Dios humanizado devenido en carne y hueso, caprichosamente mezclado entre el resto de los mortales, pateando el mismo suelo que nosotros. Qué iluso fuí al creer que caminaría por los pasillos de nuestra modesta, pero próspera emisora radial.

Me extendí demasiado, me está haciendo señas el operador, que debemos ir a otra tanda de anunciantes que prestigian nuestro humilde programa. Pero antes vamos con un tema musical, se trata de “Alcanzar las estrellas” del grupo Carreteando. Vamos ya mismo y a vuelta de comerciales, aclaro el malentendido de la luciérnaga.

TEMA MUSICAL

TANDA PUBLICITARIA

Otra vez aquí, en el último bloque del programa. Santi les va a dar el pronóstico del tiempo.

-Sí Pablo, tenemos para hoy nubosidad variable en aumento, fuertes vientos del sur al suroeste y probables precipitaciones. Alerta metereológico (Pausa, se miran…)

-Pero si hay un sol que raja la tierra-desafía  el conductor. (Santiago se encoje de hombros)

-La temperatura-completando la información- es de 28 grados centígrados, la humedad del 92 % y una presión de 1024 hecto pascales.

Voy a explicar ahora lo de la luciérnaga, ya que nos llegaron cientos de mails a nuestra casilla holapecadores@radiometral.net y con todo este lío me olvidé de dar el teléfono, y como pareciera que el co-conductor está en Babia, si me olvido de algo, estoy al horno. ¿Por qué no me avisás, estás pintado acá?

¿Acaso tengo que hacer todo yo? El teléfono es 0810-PESCADORES. Atentos oyentes que es pescadores, y no pecadores como debería ser, por un error ajeno a nuestra voluntad. Se equivocaron en la compañía telefónica cuando nos asignaron la línea. Pero no llamen que hoy no funciona.

Santi va a leer ahora algunos mails que llegaron, vamos Santi.

-Nos envió un mail Marcelo, es para vos y dice: “¿Cuándo vas a venir a hacer nido en mi pelo? ¡Curiosa!”

-Je, je –irónico-, el ingenio popular no descansa. Vamos con otro.

-Este mail lo manda Carlos, dice: “No te tenía como luciérnaga, te hacía un picaflor ¿Por qué no lo dijiste antes? Tontita”

-Mirá vos, otro que, según parece, se desayunó un payasito…

            -Al pie del mail dejó un número de celular, ¿Te lo paso?

-(Silencio, mirada fulminante) Informo a los oyentes que pueden mandar a nuestra casilla su currículum vitae. Creo que pronto va a haber una vacante en el programa.

Finalmente voy a proceder a limpiar mi imagen pública, que se vió ensuciada hoy por una maniobra de algún pseudo periodista que me envidia por mi éxito. De seguro que la competencia esta detrás de esta sucia jugarreta, no se bancan que estemos a 12 puntos (abajo) en las mediciones. Tienen miedo, saben que venimos tocando pito. Estos fulanos que porque tienen un micrófono adelante se creen periodistas, já. Tergiversan maliciosamente la información sacándola de contexto. Soy una víctima de la guerra mediática.

Primero y principal nunca dije “Soy una luciérnaga”, dije “Soy la luciérnaga” que no es lo mismo. Vean como una simple palabrita cambia el sentido. Además esta sacado de contexto, porque lo dije haciendo referencia a la archi conocida fábula de la serpiente y la luciérnaga, que previamente había citado en esa misma entrevista. Para los que no la conocen y para despejar toda duda, Santi se las leerá a continuación y luego cerramos el programa con el tema que siempre lo hacemos y que nos caracteriza. Dale Santi.

Cuenta la leyenda que una vez una serpiente comenzó a perseguir a una luciérnaga. Esta huía rápido, temerosa de la feroz predadora y la serpiente no desistía. La siguió un día, la siguió dos días; y al tercero, ya sin fuerzas, la luciérnaga se detuvo y le preguntó a la serpiente:

-¿Puedo hacerte tres preguntas?

-No acostumbro a dar este tipo de concesiones, pero como te voy a devorar, pregunta -contestó la serpiente.

-¿Pertenezco a tu cadena alimenticia?

-No

-¿Te he hecho algún mal?

-No

-Entonces, ¿Por qué me quieres devorar?

-¡Porque no soporto verte brillar!

TEMA MUSICAL FINAL

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Como abrazado a un rencor

Por rubén leva - 16 de Julio, 2008, 19:16, Categoría: Narrativa - Taller Librería Argonauta

     Si acaso decidiera salir a la calle y  en ese avatar  te encontrara, Antonio, el cielo gris de invierno podría derrumbarse sobre nuestros hombros con todo el peso helado de la memoria compartida. Por eso dudo. Pero si llevado por un impulso irrefrenable abriera la pesada puerta de hierro forjado del caserón de tejas heredado de mis abuelos y afrontara con valor ( preclaro pechito argentino) el viento y la lluvia de junio  y, apenas dar vuelta la esquina, tropezara con tu viejo saco-amuleto de gamuza  que, de tan usado, ya parece pintado  en tu piel, y viera con rabia tu muñeca derecha (¡siempre ese afán de originalidad!) ostentando, con la soberbia de costumbre, el reloj nuevo que te regaló Alejandra (a mí me parecía excesivo) para tu último cumpleaños, ¿qué haría?  Tal vez podría, haciéndome el boludo, invitarte a cenar y hasta es posible que aceptaras. Ordenaríamos, casi seguramente, el Malbec de siempre y una bien provista tablita de fiambres, tal como solíamos hacerlo en los buenos viejos tiempos.  Pero, ¿de qué hablaríamos entonces? ¿Sería posible evitar el tema de aquellos sucesos de abril? No, claro, no sería posible. Y entonces, si habláramos de eso, probablemente  no podría dejar de señalarte que fue en ese momento, durante la celebración de tu cumpleaños, cuando las cosas comenzaron a revelarse (aunque lo comprendí después). Hasta allí todo parecía marchar viento en popa, Antonio, viejo lobo de mar, pero ¿y ahora qué?

    Los amigos se cotizan en las buenas y en las malas, dijiste esa noche en nuestra querida Sociedad Gardeliana, mientras levantabas  la copa de rubio Champagne. Como entre José y yo (me miraste), como entre Leopoldo y Ronaldo, agregaste, cerrando el brindis con grave acento patriótico: "las Malvinas son Argentinas. Viva la patria, carajo". ¿Y qué pasó después de ese diez de abril, después del megadelirio perónico de Galtieri convocando a las masas y de tu virulento ataque de patriotismo, tal vez acentuado por tu pasado de marino? Te diré, y en esto, repasando la historia,  puedo ser certero, el Papa se candidateó como salvador pero el General curda, en medio de la curda general, no renunciaba a la gloria, Menéndez, para no ser menos, desafió al Principito (Saint Exupery ni se enteró), a la primera de cambio Astiz se rindió sin pelear, los pibes se morían de hambre y frío en las trincheras, les hundimos un barco y, mientras festejábamos, reapareció Menéndez rindiendo Puerto Argentino (lo del Principito era una joda, ¿viste?). Para colmo, tras cartón, perdimos el Mundial.

     Pero todo esto no era nada para mí. ¿Podés creer que casi no lo registraba? Nada para tomar en serio. Sólo los acostumbrados títulos catástrofe de Crónica. Es que lo grave, escuchame bien, lo realmente grave comenzó a partir de esa noche. Fue ese diez de abril, la mismísima noche de tu cumpleaños, hace ya más de dos meses, que Alejandra durmió en mi cama por última vez. Y  te digo más, no sé si es tan grave el hecho de que ahora duerma en la tuya sino el modo en que lograste que dejara de dormir en la mía. Ni la guerra de Malvinas, ni el Mundial, ni Maradona expulsado contra los brasucas podían igualarse. Una tragedia griega, otra que Sófocles. Mirá, te juro, Antonio, lo que más bronca me da es haber sido tan gil, cómo me comí el amague de tu amistad.

    Recuerdo tu ingreso a la Sociedad  Gardeliana  pretextando una admiración por el Mudo que, por supuesto, no sentías. Aquel balurdo que inventaste diciendo que tu abuelo, carpintero y guitarrista nacido en el Abasto, había estado a punto de tocar con Gardel  si no hubiera sido por aquella sierra que le rebanó el dedo gordo de la mano izquierda. Gracias a eso entró Barbieri, decías. Esa mañana lluviosa de Junio de hace dos años, se cumplía un aniversario más del infausto día de Medellín y estaba toda la hermandad reunida en el laguito del Parque Independencia. Con un cuadro del Mudo que habíamos colgado de una palmera improvisábamos un acto de homenaje y justo cuando el pelado Carrasco estaba a punto de depositar la ofrenda floral me di vuelta y te vi por primera vez. Impecablemente trajeado, el gesto adusto y humildemente apartado del grupo. Así hiciste tu ingreso. Me empaquetaste de lujo, te hiciste mi amigo pero ya tenías la mira puesta en Alejandra. Claro, la  tenías bien junada porque eras habitué de aquel Piringundín de Pichincha donde ella se lucía como cancionista de la Típica del Pollo Figueroa. Por eso no quiero salir, Antonio. No sé si quiero encontrarte.

    Pero supongamos que ofrezco el pecho al helado atardecer de este día de junio y supongamos que te encuentro a la vuelta de la esquina. Supongamos que haciéndome el boludo te invito a cenar y supongamos que aceptás, que ordenamos el Malbec de siempre y la tablita de fiambres que tanto nos gustaba. Supongamos que hablamos de  aquellos sucesos de abril y supongamos también, ya que estamos, que este rencor que me atormenta me empieza a subir de las tripas al corazón. Supongamos que entonces tomo el Tramontina con manguito de madera y remaches dorados, de hoja brillante y aserrada (como la sierra que le cortó el dedo a tu abuelo) y, sin más, te lo clavo en la yugular y de pronto brota tu sangre a borbotones (¿será roja?) y mancha el mantel a cuadros azules y blancos y tu cabeza cae sobre las aceitunas de la picada y las aceitunas ruedan por el piso de granito como bolitas de purrete arrabalero y tu mano derecha, con reloj y todo, se derrumba blanda, inarticulada, como un pedazo de estopa a un costado de la mesa,  y entonces… por eso dudo, Antonio, por eso dudo.

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Tanguito

Por rubén leva - 12 de Julio, 2008, 21:01, Categoría: Narrativa - Taller Librería Argonauta

Y ahí estás, paladeando, saboreando junto a tu café, cada gota del licor amargo de la melancolía y el rencor. Melancolía resbalando sobre el vidrio empañado de la ventana del bar, sobre el asfalto negro manchado de tormenta, sobre el neón irreverente destellando en la vereda con su desvergüenza verde y amarilla, sobre la boba pantalla indiferente. Rencor elevándose en humo descompuesto de dolor, humo que hace lagrimear, lágrimas quemando las mejillas, mejillas ardientes de impotencia y rabia, rabia tensando los labios, rechinando los dientes con un ruido feroz, ruido como el del bondi que justo frenó en la esquina, como el freno del bondi del que baja ella, ella que cierra el paraguas y que abre la puerta vaivén y que se sienta frente a vos y dice hola ¿ y ahora qué te pasa, Julián? y vos que la mirás, que te quedás mirándola con los ojos chiquititos, chiquitos los ojos como los de un japonés, pero no como los ojos de un japonés cualquiera sino como los de un japonés tanguero, cámara en mano en Corrientes y Esmeralda preguntando por Rivero, un japonés inerme, un japonés des-orientado en occidente, entonces, recién entonces, apagás el pucho en el cenicero de lata propaganda de Cinzano, alzás la frente ya marchita por años de amargura y decepción y recuperando el coraje de varón que Dios te dio la mirás, la mirás desenvainando sin piedad la katana de tus negras pupilas asesinas y decís decapitando las palabras: perdimos dos a cero. La puta que los parió a esos brasucas del carajo.




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