El Blog
Contador de visitas
Alojado en
|
MARCE NOMALUMBRE - Taller
En el Conngo nadie sabe cuando sueña; y si lo soñado le pertenece al soñador de turno. Las noches devienen misteriosas y multitudes de conngolitos acuden, cada mañana, a las esquinas a compartir sus experiencias oníricas, en pos de rastrear su propio sueño, aparecido en algún Otro.
En dichas conversaciones, los sueños emergen de nuevo, y reconocen en el acto a sus dueños. El conngolito que encuentre el suyo, morirá al instante; morirá feliz. Sucede que en el Conngo, el sueño es Tótem; lo vivo es lo que sueña, y quien ya no precisa hacerlo, no duda en retirarse jactansioso.
Algunos conngudos, sin embargo, suponen que cada sueño da igual, y se arrogan propiedades sobre aquellos de carácter bastardo e indeciso. Esperan encontrar lo que nunca perdieron.
Es que los conngudos del Conngo, no sueñan.
|
¡A los toros, a los toros!
Esteban Aráoz estaba en Pamplona con un firme propósito.
Él quería correr con los toros. Había ahorrado durante tres años para costear su viaje desde Argentina hasta España, la estadía, los trámites, todo. La mañana del Encierro, Esteban se calzó la boina y el pañuelo que había comprado para esa especial ocasión. Con firme decisión y gallardo porte caminó hasta el vallado que cerraba las calles donde correrían los toros. Dobló en una esquina, rumbo el encierro, justo a tiempo para desencontrarse con la mujer que estaba destinada a ser el amor de su vida.
|
Osías el osito
mameluco paseaba por la calle
Chacabuco mirando las vidrieras
de reojo sin alcancía pero con
antojo. Por fin se decidió y en
un bazar todo esto y mucho más
quiso comprar.
..................
..................
..................
Es el tiempo entre
todas. Y eso que hay un universo para elegir.
Es
el tiempo la que más nos afecta, la más creíble, la más cercana a lo
real; es el bosque que tapa el árbol y el árbol que tapa la rama, ésta
que cubre la hoja; y, aún así, nos quedamos cortos, negro.
Es mucho más.
Hay otras: Dios, la
virgen y los santos evangelios, la culpa, el pecado, la muerte que nos
separa, la vida, el porvenir, la predestinación, la inocencia, la salud
y la enfermedad, los pronombres personales, el infinito, el ser y la
nada.
Como ves, negro, es la diversidad
misma.
Pero, como le dije, amigo mio, es el tiempo,
entre todas, la ficción que más nos afecta.
¿Ves? Ahora está en pausa, como siempre, ¿acaso la vida no es eterna
pausa e infinito presente? ¿Acaso pasado, futuro, eternidad y
Renacimiento, son algo más que enunciaciones que pretenden remitir a
otros tiempos pero que, simplemente, producen presente? Fijate bien,
estamos en pausa, aprovechemos.
Mirá Negro! La ves?
La gota está en el límite, a punto de tocar el parquet. Falta que
inventemos, de nuevo, el paso del tiempo, para observar como cae y
rompe para siempre.
Shhhh! Negro! Lo
sentís? Te presento el silencio, lo poco certero entre tanta
literatura. Shhhh...
..................
..................
..................
La geometría es una
rama de las matemáticas que estudia idealizaciones del espacio, como
son: puntos, rectas, planos, polígonos, poliedros, curvas, superficies,
etc. Se utiliza para solucionar problemas concretos y es la
justificación teórica de muchos instrumentos.
Una
gota es un volumen pequeño de algún líquido, delimitada casi
completamente por superficies libres. La manera más sencilla de formar
una gota es permitir que el líquido fluya suavemente hacia el borde de
un recipiente. Cuando la gota exceda determinado tamaño, perderá su
estabilidad y caerá.
Un bazar es un
mercado, muchas veces cubierto, típicamente encontrado en áreas de la
cultura persa, hindú e islámica. La palabra deriva de la palabra persa
bāzār, cuya
etimología viene del antiguo dialecto pahlavi
baha-char, que significa "el lugar de los
precios".
..................
..................
..................
- Seño, la gota se
parece a un redondel, pero casi.
- Muy bien Negrito,
¿porqué casi?
- Porque tiene una puntita un poco
estirada, como si estuviera señalando el techo.
..................
..................
..................
Yo tenía exactamente
23 años cuando lo conocí. Fue en enero, un día después de mi
cumpleaños. Hacía calor y yo estaba cansada de los hombres. Hacía
calor, estaba cansada y, para peor, llovía como solo llueve en esos
días que, luego supe, pasan a los primeros puestos de tu
anecdotario.
Roberto era uno de esos hombres que imponía
respeto, su piel contrastaba con la de mis primos recién llegados de
Rusia. Venía seguido al boliche a comprar, no siempre encontraba lo que
buscaba, pero, ahora entiendo, era una excusa para conversar. Nunca
creí posible que un hombre como él tuviera algo que decirme.
Tenía 24 años cuando me pidió un momento a solas. Fue el
mismo día en que terminó la Gran Sequía. Hacía más de un año que los
campos estaban secos, esperando un nuevo evento en mi vida.
Te quiero. - Dijo, como si yo fuera a creerle. - Te quiero y
te pido que te cases conmigo.- Y temí que fuera cierto. No –
respondí- No tenemos nada en común, yo soy empleada, vos sos
rico. Nada en común, ¿no es suficiente con quererte? El amor va y viene. Lo que queda es la persona. Pero
esta persona va a quedar, y va a quererte No.
Nunca supe bien porqué dije no. En realidad, nunca me animé
a responder esa inquietud.
Roberto es
apasionado.
Roberto es único.
..................
..................
..................
Lo vemos sentado
sobre un elegante piso flotante. Se llama Roberto, es joven, buen mozo,
adinerado, emprendedor. Se llama Roberto, esta sentado y mira fijo un
punto en la pared. No sabemos que ve, no sabemos que piensa. Se llama
Roberto, le cae una lágrima en cada ojo.
Tiene un pantalón de gabardina negro, camisa blanca, tez morena, barba
de varios días y alguna pena. Mejor dicho, lleva pantalón, camisa,
barba y es prisionero de una pena.
Lo sospechamos
deprimido y exhausto. Roberto parece descansar por primera vez en años.
Está sentado sobre un elegante piso flotante.
Observamos un zapato a medio metro, un vino a sus pies y una gota
cayendo. El zapato es negro, el vino, tinto y la gota es bordó. Una
mano carga una copa, la otra suelta una Gillete.
Afuera llueve
..................
..................
..................
Quiero tiempo pero
tiempo no apurado,
tiempo de jugar que es
el mejor.
Por favor, me lo da
suelto y no enjaulado
adentro de un
despertador.
Quiero un río con
catorce pececitos
y un jardín sin guardia
y sin ladrón.
También quiero para
cuando este solito
un poco de
conversación.
|
 Galileo Galilei declara que la Teoría Heliocéntrica es falsa. La
Santa Inquisición sonríe de costado (cual Ignacio Copani) y alimenta,
en un solo bocado, tres patas que constituirán su devenir: opulento
ego, infinita ignorancia y caótica ambición. Ego, ignorancia y
ambición: elementos vecinos que tienden a la atracción mutua y a parir
discursos autoritarios. Galileo Galilei pierde la batalla y
gana la eternidad en el mismo evento. Eppur Si Muove
desliza por lo bajo, dejando que la historia coseche el rastro sembrado
para el futuro. Galileo Galilei, como siglos después Nietzsche, nacería
póstumo. Galileo aportó en el campo científico del mundo
denotado, de las experiencias corporales, de las interpretaciones
concebidas para entender porque los sentidos
suceden. Mucho antes semantizó el mundo
Sócrates, fue el primero en preguntarse por el hombre. De alguna manera
comienza a ver algo nuevo, pregunta y construye sentido orientado por
sus inquietudes. La pregunta por el Hombre remite, ante todo, al Hombre
mismo. La Edad Media construyó las verdades divinas.
Torquemada como testaferro y la diversidad como víctima. Leonardo Da
Vinci (entre tantos) no tuvo necesidad (ni intención) de discutirle, en
su actuar construyó interpretaciones que desplazaron el
absolutismo. Muerto dios (todavía sin enterrar) se inventa
el sustituto: Rey Muerto, Rey Puesto. Ahora somos nosotros los
referentes últimos del acceso a La Verdad. Bienvenidos a la
Era Moderna, donde todavía tenemos Grandes Verdades Absolutas. Ahora
las dicen los Durkheim, Lotman, Saussure, Marx, Stalin, Hitler, Benito,
Mao, Fidel. Muchas pretensiones juntas, tan opuestas como diversas.
Evidentemente La Verdad es otra cosa.
Posmodernidad es la nueva muerte de una vieja divinidad, el suicidio de
nuestras pretensiones demiurgas y el nacimiento de la libertad del
lector/espectador/interpretador. Pararse en una episteme
posmoderna implica que, ante todo, somos nosotros remitentes últimos de
las "verdades" que observamos y/o experimentamos. Un nosotros que no
refiere al Hombre como ser genérico, sino al observador particular que
cada uno es. La verdad nos pertenece. Declarar que La
Verdad nos pertenece implica tanto hacernos responsables (habilidad de
responder ante una situación) de su existencia, como reconocer que el
Otro puede tener la suya. Jean Paul Sartre planteó que un
pensador es aquel que está lleno de creencias y no deja de atacarlas.
Pudo percibir que, de alguna manera, lo relevante no es la respuesta,
sino la pregunta. Los hombre modernos se ofenden y enojan
ante la pregunta que impugne su verdad, se anclan en un rol de víctimas
ante la maldad del mundo (o clases opresoras). ¿Cuantos cuestionan si
esa maldad existe fuera de su propia observación? "Nadie
peca voluntariamente" dijo Sócrates (con las orejas rojas), tal vez, no
existan buenos y malos, oprimidos y opresores. Quizás sea el momento de
cuestionar la mirada que, en su observar, interpreta el mundo y
construye sentido ( ese sentido) sobre él. ¿Qué responsabilidad tienen (tenemos) ante el mundo tal cual lo
experimentamos? ¿Qué nueva pregunta podemos hacernos? ¿Qué respuesta
podemos resemantizar (despojándola de su Verdad)? ¿Lucha de
clases es algo más que dividir lo social en función de una sola mirada?
¿Porqué los luchadores populares no son legitimados (democráticamente)
por el pueblo? ¿contra quien se lucha? ¿los propietarios de medios de
producción son ajenos al pueblo? ¿los pensamos como tipo ideal o como
tipo empírico? ¿el pueblo son todos? ¿incluimos cacerolas de teflón?
¿Cobos traidor? ¿Campo golpista? ¿Qué es el Estado? ¿Para qué existe?
Preguntemos que se acaba el mundo tal como lo tenemos
junado. Preguntemos que trasformar es encontrar nuevas
respuestas. Preguntemos. Sigamos
preguntando. Y ante cada respuesta recordemos a Galileo
rezando, bien por lo bajo, un Eppur Si
Muove.
|
Si hay algo que de verdad me saca de las casillas, es cuando un ejemplar del sexo opuesto “generaliza” acerca de lo que somos las mujeres.
Afortunadamente para ellos, si bien todas tenemos características inherentes a nuestro género, es una falacia eso de que “todas las rubias son tontas, las morochas calentonas, las pelirrojas extrañas, las católicas pacatas y las judías calientes en la cama”. Hay de todo, como en un bazar.
Por eso cuando escucho decir, que a todas las mujeres de clase media nos delira poseer una cartera Louis Vuitton o vestirnos con ropa de Prada o calzar nuestros delicados pies con unos lindos Saverio di Ricci, se me vuela la cabeza y quisiera agarrar una 9mm y callar para siempre al portavoz de tal manifestación.
A muchas de nosotras nos tiene sin cuidado el mundo fashion, la superficialidad de una marca determinada y lo único que buscamos al elegir la ropa, es ponernos algo que nos quede bien, porque es innegable que nos gusta vernos bien. Por algo somos femeninas. Pero de ahí a sentir odio o envidia por aquella que piense diferente, hay un largo trecho.
Es lo mismo que si nosotras pensáramos que a todos los hombres, lo único que les importa es el buen sexo. He conocido tipos a los que esto los tiene sin cuidado y otros para los cuales no existe otra cosa.
Por suerte, en la diversidad está el buen gusto.
Hay mujeres que usan el cerebro con el cual han sido dotadas y lo usan muy bien. De igual modo, algunas con un físico privilegiado, se aprovechan del mismo y lo hacen su forma de vida.
A quién se le ocurriría pensar a una Pradón estudiando medicina. A nadie. Y lo bien que eso está.
Algunas usan las neuronas y otras exacerban la progesterona. Y están las que hacen ambas cosas.
Generalizar es apropiado si lo que buscamos son estadísticas, pero es definitivamente inoportuno al hablar de mujeres.
De igual modo, en una sociedad democrática que se precie de tal, todos y cada uno de los ciudadanos tenemos derecho a la libertad de opinión. Si soy de derecha, del medio o de izquierda por mis convicciones, es problema mío, siempre que con ello no interfiera en los derechos de los demás.
Entonces, resulta detestable que se tilde de “hipócritas” a muchas mujeres que se sienten realizadas, dignas y plenas, aunque no ocupen un sillón de directorio en una empresa.
A veces y para algunas, es suficiente ser mujer. Solo eso.
|
Aguafuerte
No sé por qué, pero mientras miraba por televisión la transmisión por cadena nacional, me acordé del reptil que periódicamente se deshace de su vieja piel. El animal lo hace a medida que crece y además para reparar heridas y desprenderse de parásitos externos.
En este caso, la mujer cambió su atuendo, se calzó el trajecito gris de corte sencillo y alivianó su maquillaje, para salir a decirle a su pueblo lo que ellos esperaban oír.
Cambió además, el tono suave y conciliatorio, con el cual les había hablado a los otros el día anterior, por el fervor en la palabra. Se sacó el tapado y los guantes de cuero, subió al escenario en el que tan bien se desenvuelve y agitó sus manos remedando a su mítica Evita.
De ese modo, ella evita, que los pobres piensen. Piensen que no es como ellos. Evita también, que ellos sepan de su inmenso patrimonio, evita que la tilden de soberbia, evita que le pregunten por su pasado guerrillero, evita que la igualen a los que tienen 4 x 4.
Con su modo de hablar, cuidado y enérgico, los incentiva en pos de la igualdad, de una igualdad deseada pero engañosa y utópica. Porque ella les hace creer, que un día, todos seremos como ella. Podremos llevar a nuestros hijos a Disney o comprarles autos importados, podremos hacernos las cirugías estéticas en los mejores centros privados, podremos vestir modelos exclusivos y comer carne.
Nada de polenta ni fideos.
Según el arreglo con el frigorífico brasilero, antes francés, antes inglés, todos los ciudadanos de su pueblo, podremos comer una rica, suculenta y nutritiva viandada. Ni pensar en un asadito con achuras ni un lindo bife. La comida del futuro es la tradicional viandada.
¿Nuestra señora la habrá probado cuando era chica? Posiblemente lo haya hecho en algún campamento con entrenamiento para la supervivencia. Pero de ahí a pensar que esta latita de dos pesos con cincuenta servirá de base alimenticia para la familia tipo, hay un largo trecho.
Solamente nos resta esperar. Los cambios alimenticios llevan su tiempo.
Posiblemente, dentro de unos años, podamos decir que gracias a la viandada se acabó la desnutrición en este país tan generoso.
|
Cada minuto se me hace más insoportable la idea de tener que enfrentarla. No sé si será peor sentarme en la misma mesa y tener que mirarla, o cuando empiece a contarme de su separación. Porque seguro que el tema sale. Realmente me preocupa su reacción, si bien el tipo era un desgraciado y le metió los cuernos durante todos los años que estuvieron juntos. Se encamó con cuanta mina se le cruzó y ella como una tarada lo perdonó cada vez. Ella, tan inteligente, preparada, hermosa. No entiendo qué hacía con un pobre tipo como él, sin estudios y en ese lugar de mierda. Realmente no sé qué le vio. Todavía me pregunto, después de tantos años, por qué largó todo para irse a vivir con él en ese pueblo de mala muerte.
Es una noche de mierda, las cuatro cuadras hasta la parada de colectivos se me están haciendo eternas. Deben ser los 5º bajo cero. Apuro el paso porque me parece ver que es el 103 el que se acerca. Me arrepiento de haberme puesto pollera y tacos altos, en lugar de unos jeans. Pensar que tardé horas en elegir la ropa, mirándome al espejo hasta encontrar el conjunto adecuado. ¿Adecuado para qué? ¡Qué boluda! Como si a alguien pudiera importarle lo que me pongo. Y menos a ella. A ella seguro que no. Nunca me dijo nada de mi ropa.
Poco importa ahora, pero si tan solo hubiese hablado antes, es probable que las cosas hubieran sido diferentes. Pero no me animé. Ese día en la playa, cuando nos quedamos solas, tendría que habérselo dicho, pero justo vino un pelotudo a pedirnos fuego y después, me pareció que estaba de mal humor. Fue el día que me contó que lo había encontrado con otra en su propia casa. Y no tuvo mejor idea que venir a buscarme para contarme. Y para que no se desesperara se me ocurrió llevarla a la playa.
El colectivero tiene la radio encendida y están diciendo que la temperatura es record del mes en muchos años. Y encima a mí se me enganchó la media al subir. Debe ser la falta de costumbre. Ahora parezco una mujer de la vida con las medias corridas. Debería haber optado por algo más abrigado y práctico, pero quería verme bien cuando me encontrara con ella.
Me tortura pensar en lo que voy a decirle y sé con certeza lo que me va a contestar cuando yo empiece con la perorata de que no tiene que sentirse mal, que él era un hijo de puta. Sí. Porque le voy a decir que era un hijo de puta. Si se lo merece el muy imbécil. Tenía servido todo en bandeja, ella que lo amaba con locura y que se desvivía para hacer todo lo que él le decía. Y sin embargo la cagó. Mal.
No sé si bajarme una cuadra antes para tener tiempo de calmar mis nervios. Seguro que ella ya me está esperando porque si hay algo que le gusta es la puntualidad y quedamos a las ocho.
La razón me dice que debo dejar que ella comience a hablar. Escuchar como siempre la escuché, asentir con la cabeza aunque piense lo contrario, apretarle la mano en señal de amistad.
Me acuerdo de esa vez que habíamos tomado como locas y a duras penas logramos llegar a mi casa. Ahí también escuché. Hasta que se quedó dormida. Y el reloj que era de mi abuela, estuvo dando campanadas toda la noche y yo no podía dormir. La miraba, acostada a mi lado, parecía una nena, tan inocente en su madurez.
Dicen que las cosas por algo suceden y debe ser cierto porque esa vez tampoco pude confesarle nada.
La cuestión es agarrar coraje apenas entre al bar. Estoy pensando que no la voy a dejar hablar primero y le voy a largar como un chorro todo lo que me da vueltas en la cabeza, porque sino va a ocurrir como siempre que no digo nada. Y estoy harta de no decirle nada.
Pero apenas entro y la veo, sentada contra la ventana, con la mirada perdida en no sé que recóndito pensamiento, se me olvida todo. ¡Está tan linda y tan triste a la vez!
Lo más terrible es, que se levanta y me abraza tan fuerte como siempre abraza ella. Con esa manera tan sincera de demostrar los afectos. Cómo explicarle que le he mentido todos estos años, que cuando estábamos juntas nunca pude ser sincera. Decirle que no ya no puedo ser más su amiga. Sé, que apenas hable, la voy a perder. No voy a tolerar si su mirada es de desprecio o si noto un tono irónico en su voz.
"Te estaba esperando", dice. Y en su voz presiento un dejo de ansiedad. Y empieza a hablar. Y yo hago como que la escucho mientras me cuenta de cómo lo extraña, y noto que está por llorar cuando llega a la parte en que me dice, que su separación es definitiva, que él ya retiró toda su ropa de la casa y se mudó a otro lado.
Mis manos están frías, pero estoy feliz. Definitivamente. Estoy escuchando lo que venía esperando hace tanto tiempo. Que él la dejó.
"¿Vos que harías?"
"Yo…nada. Está claro que no te quiere más".
Y me rompe el corazón cuando le digo esas palabras. Las únicas que digo. Porque a pesar de todo, como siempre, no logro decirle que la amo. No me animo. No soportaría no volver a verla y me excuso, diciendo que el frío me debe haber hecho mal. Que me voy a casa, que me perdone.
Y salgo de ahí, casi corriendo, mientras me digo "la próxima vez, la próxima".
|
Cuando mi marido me preguntó ¿qué es la tanatopraxia?, no hice mucho caso de su interrogatorio y contesté desganadamente con un “no sé”, sin cuestionarme en ese momento qué mierda quería decir esa palabra. Me extrañó, eso sí, debo reconocer, su repentino interés por el significado de las palabras raras, ya que no es muy afecto a la lectura, pero lo dejé pasar.
Ése, fue mi primer error.
Tiempo más tarde comprobé, que no debemos dejar pasar por alto ni uno solo de los comentarios que nuestro hombre nos haga. Todos y cada uno de ellos, esconden una doble intencionalidad, como por ejemplo, cuando dice como al pasar “cómo creció la nena de enfrente”, en realidad debemos entender que lo que quiere decir es “me voy a voltear a esa guacha”.
No hay peor cosa que no querer ver lo que sucede a nuestro alrededor y en eso somos expertas las mujeres. Cuando algo no nos gusta, hacemos como que no existe.
Una mañana me desperté sobresaltada, no había podido dormir bien, había estado toda la noche dando vueltas en la cama. Cuando iba para el baño, me pareció escuchar voces que venían de la planta baja. Más que voces era un murmullo, pero mi urgencia de orinar pudo más y no presté atención.
Ése, fue mi segundo error.
Al bajar a desayunar, encontré a mi maridito cómodamente sentado en la cocina, en medio de papeles desparramados y tazas con restos de café, charlando con su secretaria y en lugar de increparlo y decirle que la casa no era la oficina, saludé cortésmente y me puse a levantar los platos sucios. Ellos siguieron charlando como si yo no existiera y la que hubiera entrado fuera la empleada doméstica. Pude escuchar que él le decía algo acerca de unos “químicos germicidas solubles” y me pregunté de qué estarían hablando, si él era abogado. Posiblemente algún litigio en el campo, pensé.
Ése, fue mi tercer error.
No puedo negar que tuve muchos indicios de lo que estaba pasando, aunque no me di cuenta de nada hasta el final.
Él se mostraba demasiado atento a mi manera de vestir, cosa que jamás había hecho. Me preguntaba permanentemente sobre cuál era mi talle y qué tipo de maquillaje usaba. Por supuesto, pensé que quería hacerme un regalo y de ahí la indagatoria.
Lo que más extraño resultaba, es que empezó a cocinar. Preparaba el almuerzo y la cena con especial dedicación. Eso sí, el pobre, no era muy buen cocinero ya que la comida tenía siempre un gusto raro y para colmo cada vez me caía peor. No podía tolerarla, pero no le dije nada por temor a herir su susceptibilidad.
Cada día me sentía más débil, por eso, no me sorprendió que él decidiera mudar su oficina a casa, con secretaria incluida. El amoroso lo hacía para poder cuidarme. Preparaba el sofá con una colcha polar para que yo mirara tele, mientras él se pasaba horas encerrado trabajando con Sofía. Y cuando terminaban, me preparaba un té calentito que más bien parecía pis de gato, pero seguí agradeciéndole, no fuera a ser que se ofendiera y no me sirviera más.
Yo ya no tenía fuerzas ni para levantarme. Me pasaba todo el día tirada en el sofá.
Una mañana, mientras leía el diario y aclaro, que más que leer, miraba, porque ni ánimo tenía, vi algo que llamó mi atención. En negrita, el aviso decía “Tanatopraxia en Rosario”. Intrigada, me levanté como pude y casi arrastrándome llegué a la computadora. Hice clic en el google, tipeé la bendita palabra y esperé. La respuesta fue inmediata y mi sorpresa más aun.
Tanatopraxia existía, no era un invento de mi marido. Tanatopraxia:“Técnica para demorar la descomposición final de un cuerpo”.
Y ahí se cayó la pantalla y tuve un momento de lucidez que me permite hoy estar escribiendo. El hijo de puta me estaba matando y lo que es peor, pensaba “embalsamarme”.
|
Cae la tarde del sábado entre las cortinas del balcón. El teléfono celular descansa en la funda, luego de controlar que haya saldo, señal y batería. Gabriela envía un mensaje a su propio número, y entra en seguida. No es el celular. El desgraciado no llama. Es que vas muy rápido, no te enganches así. Claro, vos no tenés treinta y cinco, pendeja de mierda. Ya te van a caer todos los años juntos y vamos a ver si no te prendés a cada atisbo de ilusión. Y eso que te vas preparando. Mas canchera. Sabés que no podés confiar en nadie. Esperanzas derrumbadas. Pero igual soñás encontrarlo.
Se escucha el ascensor con el ruido de botellas de los estudiantes del cuarto "A". La tarde sigue muriendo y la penumbra agobia los cuadros, los adornos. Los gestos de los peluches se endurecen.
Suena el teléfono, tiembla el pecho. IDENTIDAD OCULTA. Hola! Ah Pipu. Claro del sanatorio me hablás, no, no lo tenía. No, acá no está tu celu, hace un ratito te llamé y acá no sonaba, a menos que esté apagado. No, no llamó. Ya fue, es un negro de mierda igual. No, no estaba ilusionada pero viste. Pensé que a lo mejor llamaba. Dale. Un besote.
Identidad Oculta. Así tendría que haberlo registrado en el celu a él. Treinta y cinco años y comerme ese chamullo barato. Aparte re forro. No sé ni que le ví. Y peronista. Y petiso.
La crema anti age sobre el conjuntito nuevo que hoy pensaba estrenar. La pincita y el espejo junto a la ventana por la cual durante el día entra tanta luz. Gabriela se sirve una copa y quisiera no verse en el espejo.
¿Cómo me metí así? ¿Me habrá visto débil? ¿Habrá notado en mi cara mis cinco meses sin garchar? A quién le importa. La noche estuvo buena. Era casi seguro que no me iba a volver a llamar. Disfruté y ya está. A otra cosa mariposa. ¿Acaso no es eso la felicidad?
Suena el celu otra vez. ¿Y este número? ¿Será? Movistar le informa que pagando en término su factura usted puede acceder… Fuck. Como me late el corazón. Soy una boluda.
Los del cuarto "A" ya están con los palmeras a todo pedo. Mañana la vieja del segundo "B" me va a venir con las quejas, haciéndome sentir obsoleta al incluirme en el contubernio para desalojar a los ruidosos.
Gabriela mira TVR. Es un sábado más, pero hoy la soledad se siente. Se acuesta limpia, virgen inhumada.
Y el hijo de puta no va a llamar. Al pedo me depilé.-
|
Cumplo años.  Momento nefasto para estar vivo.
Repudio completamente a una
sociedad (de la cual me excluyo) que pretende enumerar los años de
vida, como si realmente existiera un paso del tiempo y el calendario
midiera algo más que su propia existencia.
Refuto el concepto de edad y me niergo a celebrar y/o
conmemorar natalicios tan ajenos como impuestos.
Absurdos aquellos ingenuos que
se alegran, infelices quienes celebran, retrógrados los que regalan y
pelotudos (in extremis) los tiradores de orejas. Nada hay
que recordar, porque nada es recuerdo, y nada jamás ha sucedido. El pasado no es ni ha sido. El mundo es consecuencia nuestra, y de
ellos somos responsables, aunque padres, abuelos y dictadores se
arroguen derechos de autor. Maldita responsabilidad tan
observable como predecible y fascista. Maldita sumisión. Detestable
angustia existencial de saberse finito y, peor aun, cargar con las
culpas de terminar, junto a nuestro latir, la singularidad de un
universo que, bien sabemos, jamás ha sido. Quizá nos
imaginemos reales, quizá enunciemos, quizá seamos, quizá de los
quizaces que quizá sean, con suerte, más que un quizá. Malgastemos los segundos! Eructemos en las barbas de un profeta!
Engengremos nuevos vicios! Señalemos a dios! Es hora de burlarse de él!
porque estaremos limpiando, a carcajada limpia, todo rastro de
toxicidad. Quizá cumplamos años, puede ser. Lo
que nunca haremos, porque jamás será posible, será vivir nuestra propia
vida. Viviremos el univeroso entero. Seremos entre el Bang y
el Crunch. La respuesta a la espiral y la pregunta al vacio. Seremos eso y nada más. Seremos todo.
|
Tal vez un sistema caótico sin y con sentido a la vez; o una espiral emergiendo entre los cielos y los subtes; o un constante silencio, ensordecedor y en llamas; una regresión o un pasaje al pie de página. Quizás el error del demiurgo. Esperaba un poco de eso más una sorpresa y, de yapa, pretendía un evento incomprendido. Pero nada. No pasó absolutamente nada. Salir de Plaza Italia y cruzar Santa Fe es tan igual a Montevideo y Perón como distinto de Garay. Veredas rotas, turistas gasoleros, oligarcas imaginarios y varios ¿no tenés una moneda?. Homenajear a Borges en un segmento de equis longitud al cual se le asignan ciertas propiedades, burocráticas y fatales, como sentido y dirección, es un salivazo. ¿Quién dijo que en un vector no cabe la deshonra y el insulto? Impune, solemne y contemplativo, caminé dos cuadras. Confieso que mentalmente preparaba palabras redentoras para mendigar autenticidad y, sobre todo, escupir al cielo. ¿Acaso la contradicción no semantiza? ¿Es posible observar la paradoja y callar? ¿El sistema resignifica y reprime simultáneamente? ¿Será el silencio respuesta y pregunta, exordio y epílogo, sintagma y paradigma? ¿Donde mierda está el Aleph? Aprendí entonces que no podemos pretendernos ajenos al recuerdo. Borges será Borges por nosotros, nunca por ellos. Esperar que las calles resuelvan la historia es resignar nuestros mitos; y el problema central seguirá siendo irresoluble ad infinitum: inexorablemente somos conscientes que en el futuro late el olvido y la muerte, la palabra, la cosa y la eternidad. Aprendí que el bautismo sólo describe al clero y que quien nombra regula. El lenguaje es fascista sine qua non: mamá, papá, señorita, doctor, licenciado, goleador, candidato, presidenta, coronel. Aprendí que los nombres nos pertenecen y que con ellos construimos un Aleph contradictorio, universal y diverso, propio y ajeno. Tal vez seamos eso, un referente eterno que señala, nombra y luego defiende. Aprendí que calle Borges enseña sólo si la caminamos con él; y que una vez al año fluye entre ferias, plazas, libros y Cortázar.
|
AHORA LES CUENTO cosas del taller...Desde el año 2000 han pasado por aquí más de 300 personas. Escribir es UN OFICIO como todos, y que cualquier progreso se debe básicamente al trabajo, la técnica, lecturas, esfuerzo y constancia. Todos podemos escribir literatura, bien y mejor... luego está la cuestión del talento, la capacidad mayor o menor, la suerte, etc... tantas cosas que acaban consagrando a alguien...pero llegar a tener el oficio de escribir, medianamente, lo pueden hacer muchas personas... Para ello, al menos para trabajar conmigo, es fundamental que les guste MUCHO leer y escribir. Pero hablo de la fascinación de esto. Al punto de que lo que hagamos en el taller les provoque GOCE Y DESEO... como si no contara el tiempo y especialmente, tener el valor y la madurez de sostener este deseo (escribir) frente a todos los ataques o escollos de la cotidiana alienación o vorágine diaria. El deseo se sostiene, la escritura es un lugar de deseo, juego, lúdico... hay que defenderlo como un terriotiro de tiempo y espacio. Evidentemente un taller de arte (cualquier disciplina) es una fisura, una grieta del mundo real, un espacio donde los límites entre realidad, imaginación, fantasía y deseo se vuelven flexibles, ambiguos, borrosos. Hay que tener una actitud mental de mucha apertura también. Lo primero que vemos es justamente eso: la diferencia entre el lenguaje común y el literario. Los encuentros en general tienen una estructura aristotélica: VER-JUZGAR-OBRARPLANTEO-PRUEBA-PROYECTIVA - PLANTEO-DESARROLLO-SOLUCIÓNSe articulan siempre con un comienzo TEÓRICO, que no necesariamente tiene que presentarse como una clase dictado del coordinador... puede ser alguna clase de juego, filme, grabación, dictado, texto escrito-ensayo, etc. Suelen ser 20-30 min... se presenta el tema. P. ej. explicamos las diferencias teóricas entre lenguaje común, oral, profesional, laboral, familiar, ordinario... y el lenguaje literario, poético, etc... características de cada uno, nociones... El programa comienza con unas 12 clases generales sobre lenguaje, lenguaje literario, nociones de sintaxis, gramática, semántica, géneros, estilos, registros, ficción, personaje, etc... y luego comenzamos a trabajar con cada género, NARRATIVA (relato, cuento, novela), POESÍA, DRAMÁTICA, guión, cine, teatro...y ENSAYÍSTICA....y en medio, todas las variantes o híbridos que existen, simplificaciones o complejizaciones de los géneros, intertextualidades, LA CARTA , EL AGUAFUERTE, EL EDITORIAL PERIODÍSTICO, LA NOVELA ENSAYO , EL POEMA NARRATIVO, etc... EN UN SEGUNDO PASO, solemos probar el planteo teórico con los ejemplos que hay de dichos conceptos en la literatura de canon, de todas las épocas, lugares, autores, géneros, estilos, registros, etc... clásicos, vanguardias, universales, argentinos, rosarinos, poetas, narradores, policial, existencialista, social, etc... fantásticos, minimalistas, etc... Digamos, comprobamos la teoría literaria con la obra de aquellos que lo han hecho antes que nosotros, nuestros modelos de escritores... y por eso siempre decimnos que la escritura literaria es un enorme PALIMPSESTO, como aquellas primeras tablas de piedra y luego madera en que escribieron nuestros antepasados, y al no existir aún la industria del papel, se volvía a utilizar la misma tablilla, y se le escribía encima de lo ya escrito... y ahí ya aparece una noción de escritura... ESCRIBIMOS CON Y SOBRE NUESTROS ESCRITORES... escribimos con y encima de Kafka, de Arlt, de Chejov, de Ursula Le Guin, de Durás, de Carver, Briante, Fontanarrosa, etc.... para eso tenemos que estudiar, leerlos y luego (al comienzo) "imitarlos"... No es vergüenza reconocer que todo arte, nace de la buena imitación (Aristóteles, LA POÉTICA ), influencia, modelos, etc... para y por esdo leemos. Nada que ver con la copia y menos el plagio, obvio... pero NO HAY ESCRITOR QUE NO SE HAYA HECHO (en sus comienzos) a imagen y semejanza de sus autores modelos... ONETTI salió de FAULKNER, FAULKNER de SHAKESPEARE, y SHAKESPEARE, de DIOS... y está bien que así sea en el principio. Principio que lleva años, ojo... Parece pueril aclararlo, pero no existe "la fórmula" para escribir literatura (de la grande) en seis meses. Encima cuanto uno más aprende, sabe QUE ESCRITURA ES REESCRITURA... lamentablemente hay mucha gente que imprime sus libros antes de escribirlos... con todo respeto... Aclaro, eso sí, para estudiantes de Comunicación o Periodismo, mi taller NO ES UN TALLER DE REDACCIÓN.Para Psicoanalistas o estudiantes de letra, TAMPOCO ES UNA CLÍNICA DE TEORÍA DEL LENGUAJE.Para señores y señoras "gordas"MENOS AÚN, ES UN CURSO DE CASTELLANO.Tiene un poco de todo eso, pero NO UNA ESPECIALIZACIÓN en cada una de esas cosas. Los que quieren talleres de redacción, hay manuales de redacción y de estilo periodístico y algunos talleres específicos en la ciudad. Para los que quieren especializarse en LA TEORÍA DEL LENGUAJE, recomiendo inscribirse en la carrera de Letras de la UNR (excelente), que tiene una clara vocación de TEORÍA Y CRÍTICA DEL LENGUAJE.- Leer más
|
En Potosí, Bolivia, hombres menudos buscan sin descanso el oro en el infierno
Diez; treinta; cuarenta y ocho antorchas en manos de niños, marchan hacia el pueblo. Universo invertido. Estrellas en la tierra. Constelación del valle, observada por la noche trepada en la montaña. El monstruo rugió… Cuando lo hace anuncia fortuna o duelo. La fortuna se festeja con saludos a la Pacha Mama. La muerte se venera con fuego, alimentando el alma. Se proyectan las sombras temblorosas, Detrás de las siluetas flameantes se encuentran las historias… …Topos. Orugas. Reptando. Horadando las fauces del felino de piedra con el pico y la maza. Cuatrocientas hojas de coca sin su tallo, les queman las encías, pero los moviliza. Panacea amarga del hambre y el cansancio. Quinientas, seiscientas, más… son las chicadas: con paciencia oriental, con sumisión de esclavos, con avidez plateada. Cambia el sabor del bolo. El turno ha concluido. No hay relojes, no hay sol, no hay lluvia en la garganta oscura de la pantera negra que reposa. Duerme a veces. Y el sinuoso andar del topo en su garganta seca produce estornudo, tos, estruendo… Nunca bostezo tenue, que haga flotar el polvo en el aliento. La suavidad no existe en su universo. Los olores son ásperos, rasguñan. Los humores acuosos que recorren su lengua son pantanos podridos, azufrados. Topos y orugas se hunden en sus huellas. Asoman la cabeza que emite luces cual luciérnagas. Observan la garganta por segundos. Una veta!!! Allí atacan con maza y pico. Su vínculo es así. Hecho de mutuas agresiones. Ella es un gato enorme echado en la desierta llanura de piedra. Su boca abierta invita a recorrerla. Parece inofensiva, estática, casi ausente. Por dentro su oscura masa cobra vida en los rumores sordos de sus vías. Carros cargados y empujados por hombres - semi hombres-. Pico y pala blandidos por topos -semi hombres-. Creen vencerla a fuerza de golpes y explosiones. Ella soporta sin dolor evidente. Su garganta es el tope. No pueden avanzar. Y no se oye un quejido. Ni pantera ni topos emiten un rezongo. Semi hombres: viven menos, comen menos, pesan menos. Combatientes en lo oscuro y lo profundo. Ellos libran su diaria batalla respondiendo el desafío. Buscan ávidos el brillo de plata que les cambiará la vida. Pico, pala, dinamita y balde de cuero son sus armas. Ella espera. Los deja. Les permite. Sabe que nunca llegarán a sus entrañas. Los mantiene en su boca profunda. Juega imponiendo reglas. Deberán ser menudos para reptar. No podrán amar el sol. Gustarán del alcohol que obnubila. Les permitirá festejar el hallazgo de una veta. Respetará la experiencia, pero cuando comienzan a conocerla demasiado, cuando pueden descubrir el camino al útero magnífico que alberga mil tesoros, antes de los cincuenta años, los expulsa reducidos a salitre, azufre o huesos, y el destierro sucede casi naturalmente., como vivieron. Sin protestas ni asombro. Fatídicamente, aceptarán la ley de la montaña… La noche se enciende. Abunda el licor. Clavan las antorchas en el suelo blando. Cuidarán su llama. No debe apagarse. Vestidos de gala, flamean sus sombras. Diez; treinta; cuarenta y ocho luces: cuarenta y ocho años titilando al viento. Estrellas en la tierra. Universo invertido. El hijo mayor, al amanecer, solemne y lentamente se colocará el casco de su padre. Saludará el cuerpo inerte. Apagará las llamas. Caminará en silencio. Se persignará en la entrada de la mina, y con el primer paso adentrándose en las fauces, iniciará su cuenta regresiva. MIRTA PUJOL
|
Era una sensación extraña y cómoda. Aparecía en el entresueño justo antes del amanecer, cuando la abrazaba desde atrás, dándose vuelta en la cama. Ella le daba –siempre– la espalda, y él le pasaba el brazo por encima de la cintura. Era como estuviera mirando y abrazando un paisaje arbolado, donde las copas de los árboles perfilaran a contraluz la forma de la mujer. Otras veces, en cambio, tenía la visión de las palabras que pensaba, encerradas y subrayadas por los anteojos. Como si los llevara puestos en ese momento. Como si los lentes fueran un renglón. Después de eso, el sol en la cara. Las persianas metálicas de la pieza que usaba de dormitorio estaban abiertas en verano. A la noche el fresco ayuda a dormir, pero a la mañana, el sol en la cara despierta. Si no podía cerrar la persiana, se despertaba, lavándose la cara con el agua fría en la canilla del patio, llevando una toalla en los hombros. Así empezaba el día. –Mañana nos vemos– dijo ella antes de dar media vuelta para salir del zaguán. Mañana fue un día frío, insólito para diciembre. No hubo noticias de ella. Era como abrazar el bosque, o el perfil de las islas.
El fin absoluto del mundo.
Carlos Bagnato
|
Parecería que todo pierde tiempo. Llamando a su mamá se nos va enajenando. Pellizcándose la piel que se tarda en conformar y entre tomates las grillas del diario hace semanas que enrollan huevos sin llenarse. Tengo la sensación de que lo importante es lo que pasamos por alto en su momento, cuántas veces no le dije suficiente. La conciencia de que podríamos haber estado más cerca antes de que se duerma en sábanas infantiles y no puedo evitar dejarlo por escrito. Creo que es nostalgia de la vida de otros aventajados a mi errar y mi presencia, a toda la vida de mi padre más la mía. Y no sé del abuelo cuando todos se van. Con el gen de nuestra dificultad dentro y la indigencia que me provoca la fragilidad, basta imaginármelo llorar para querer retroceder su tiempo a costa de mi historia y todo lo que me determina. Lo figuro caminado por la casa, con su andar de viejo, temiendo a la oscuridad tanto cómo a las verdades intensas y a las cosas que ha olvidado. Quizás todavía la mire como antes de nosotros y de la cámara digital. Esperando los almuerzos de los sábados para intentar olvidarla. Y más que nunca, el resto de sus vidas sobre la almohada supeditado a la arbitrariedad. Sin planes, ni veoveo, ni múltiples posibilidades. Rozarla. Agotando el sentido del silencio, trascendiendo la desnudez más íntima, enfrentados a la última posibilidad que otorga el vértigo de ir componiendo familias. Viéndola llegar sola de donde todo ha sido compartido, absoluta expectativa, aunque no vuelva.
María Paula Cerdán
|
De qué aventura me hablás? traje esta planta de kiwi en el avión, esa fue mi aventura, dijo defendiéndose, mi madre. Es parecida a una parra, es preciosa.Tuviste que ir hasta el Ferrol para eso, le recriminó mi padre. Abandonaste a tu esposo, por una maldita planta?. Era un viaje familiar, del que mi padre no quiso formar parte, creo que por miedo a los aviones, o miedo a la familia. Mi madre, en cambio averiguó, sacó el pasaporte, pagó su pasaje y contra todo pronóstico, pues no era una mujer acostumbrada a tomar decisiones, viajó al Ferrol. Yo, la acompañé al aeropuerto de Ezeiza, mi padre no quiso y ella me encargó que lo cuidara. El señor se olvidó de mí, repetía todas mañanas la tía Dolores, hasta para morrer hay que tener suerte, mezclando gallego con castellano se quejaba, la tía Dolores, recién cumplidos sus noventa años. Desayunábamos los kiwis, recién arrancados de la planta, contaba mi madre y aspiraba fuerte y parecía que los olía, el aroma del fruto fresco; no era necesaria la brutalidad del cuchillo, con los dedos se desprendía la piel velluda del fruto. Rosita, no me cuentes más, no quiero saber más nada de ese viaje, ya fuiste y ya volviste y ya conociste a tu tía Dolores y a tu prima Rosa, basta de viaje y alcanzáme la pala. Cuidar a mi padre, había sido la peor de las tareas, estaba todo el día dándome la lata: que mi madre lo había dejado sólo, que ella no tenía ninguna necesidad de conocer a esa tía, que apenas se habían escrito unas pocas cartas en tantísimos años con esa supuesta familia, que su familia éramos nosotros, que porqué no venía Dolores y su descendencia a la Argentina. No era posible hablar de otro tema, no existía el clima, ni la política, ni la suba de precios, nada lo distraía de mi madre, una obsesión. Nunca me había imaginado que mi padre la extrañaría tanto, siempre que los veía peleando pensaba que ya no se amaban. Dos hermanas en dos continentes coincidieron en tener dos hijas con el mismo nombre en el mismo año. Esta historia, a mi madre, se la había escuchado miles de veces. Dolores vivía con su hija, Rosa y el marido de ésta, Pepe, y el hijo de ambos, Paco, un hijo soltero, grande y soltero. Las dos Rosas, las dos primas, Rosa de Rosario y Rosa de Ferrol se hablaban por teléfono una vez al año en vísperas de navidad, se emocionaban, se saludaban y se prometían año tras año que se visitarían. La madre de mi madre, mi abuela Lidia, había muerto sin regresar a Galicia, no se había vuelto a encontrar con su hermana y eso apenaba mucho a mi madre, no quería repetir la historia. Todo limpito, mi padre mantenía la casa impecable, en eso también me equivocaba, yo creía que él no se arreglaría con las cosas de la casa pero me sorprendió. Con su vida no se arreglaba, los nervios bajaban su peso y los celos no lo dejaban dormir. Ellas se quedaban despiertas hasta tarde, contándose sus cosas: los partos, las novedades familiares, los casamientos, los achaques, los padres, los precios, todo mezcladito con un licorcillo que escondía Rosa en un cajón, entre las toallas. Un paisaje antiguo y la vegetación espinosa, todavía podía verse en los espacios libres, en los baldíos. De la casa familiar, la original, no quedaban ni rastros: destrucción, guerra, abandono, dieron paso al negocio inmobiliario de los edificios familiares. Y..., mirá si no vuelve, si la está pasando tan bien ... repetía incansable mi padre, Toma mandó una postal, me llama amor. "Querido amor: estoy muy bien, muy contenta, la tía se emocionó mucho al verme, dice que me parezco mucho a mi madre, con Rosa salimos bastante a pasear, Dolores casi siempre está adentro, vamos a recorrer el mercado todos los días; descubrimos que nuestras vidas se parecen mucho más de lo que me imaginaba: dos jardines, dos jubilaciones, hijos únicos y las colecciones de lo que vos llamás "mis porquerías", toda la casa llena de adornitos, macetitas, cuadros, lámparas, canastos, cortinas, figuras talladas en madera, almohadones varios, elefantes con irreprochables músculos de cerámica, estampitas, sillas, sillitas y sillones, me siento como en mi propia casa Y vos, cómo estás? Me extrañás?, te arreglás con la casa? te mando un beso y un abrazo muy grande, besitos a nuestra hija. Tu Rosi" En la postal podía verse un cuadriculado de imágenes y la frase "Recuerdo de Galicia" en amarillo furioso, el primer cuadradito tenía una foto del mar, al lado una fiesta popular, una plaza con su mercado y sus canastos lleno de verduras, las montañas y en el último cuadrito un lujoso complejo hotelero que arruinaba toda la cuadrícula. Quedó divina ahí, sentenció mi madre con evidente orgullo. La plantita de kiwi ocupó un lugar privilegiado del jardín, mi padre le improvisó una especie de pérgola y de allí esperábamos esperanzados, alguna vez, comer los deliciosos frutos.
VERÓNICA LAURINO
|
Lara se sentó en el banco de madera, dejó la cartera a un lado y la bolsa entre sus piernas. Miró la pared que tenía enfrente. Una pared blanca, bordeada por |
|