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8.TALLER EL LIBRO DE ARENA
Berta L. Temporelli- 31/03/07 A cinco años de la muerte de NORBERTO CAMPOS Irrumpió inesperadamente, como si hubiese salido de una de esas cajas de chascos de las que al abrirse salta un payasito en el extremo de un resorte. Despeinado, con un rompeviento agujereado -como llamábamos a los joggins- que alguna vez fue azul. Se burlaron de su aspecto de polichinela. Su talla era tan menuda que podía transportarse en una valija de esas que compraba en el Ejército de Salvación. Quizá de vez en cuando se introducía en su caja para aparecer luego en un nuevo personaje, crisálida en permanente metamorfosis. Poco tardó en mostrar su talento y quienes se habían mofado de él comenzaron a respetarlo. Se calzó coturnos que elevaron su estatura. Desde ella denunció al imperialismo y la explotación del pueblo. Otras veces, como murguero cantó sus alegrías. Profanó los falsos templos de la cultura almidonada abriendo las puertas a las expresiones populares y escandalizando a señoras pacatas-paquetas. Arrojó tomatazos en la cara de algún periodista-censor-reivindicador de la cursilería de esos años. Como el legendario personaje de Pablo Podestá se hizo un traje blanco de PAYASO, -porque eso era él, un payaso con mayúsculas- y le cosió dibujos de trapo negro. Se montó en una escoba y expresándose en cocoliche delató tan sutilmente como pudo las atrocidades de la última dictadura. Porque su pueblo estaba triste, decidió alegrarlo y se transformó en Mendieta. Él y su troupe de cómicos de la legua, con las caras pintadas de blanco, -como en la historieta- dieron vida a los personajes de “Inodoro Pereira”. Después la representaron otros grupos, pero el Negro Fontanarrosa reconoció que fue aquella la que más le gustó. Amigo, cumpa solidario, agresivo, fue querido, odiado o combatido, pero nunca resultó indiferente. Sus palabras podían ser tan lacerantes como los puñales lorquianos y sin embargo era capaz de sentir y expresar: “ Preparábamos el espectáculo de Navidad y Reyes, recibimos la noticia del nacimiento de César, y se unió la intención artística a la cotidiana, porque siempre pensé que toda criatura que nace es sagrada. Desde la propuesta teatral de Grotosky puso a Próspero y Calibán en las barrancas del Paraná. Caracterizó a Bernarda Alba haciendo vibrar el personaje de Lorca y ¡Otra vez el escándalo! exclamaron los críticos mojigatos. Citó con el mismo respeto a Cachilo, Atahualpa Yupanqui o Bertolt Brecht. Maestro reconocido, prefirió la calle a los claustros para sus clases. Subido a sus zancos, su figura adquirió la altura de un edificio de dignidad irreverente. Desde allá arriba acompañó cuanta protesta creyó justa y desdeñó los halagos de los tilingos que antes lo habían denostado. Histriónico y desenfadado, al igual que Garrick, nos hizo “reír llorando”. Hace unos años, su cuerpo aporreado como el de “Cristobita, pobre muñeco de trapo/ del populachero guiñol de mi barrio” se cansó y fue a guardarse en su caja de chascos. Mientras lo velaban, una actriz acompañada por un pequeño acordeón cantó la misma canción que entonaba en la representación de “Politik Theatre”, dirigida por él. En la calle, sus dos hijas y sus alumnos, vestidos de blanco y montados en zancos, agitaron banderas negras. Desde entonces suele verse una silueta etérea -como escapada de “El rito del zorro” de Kurosawa- encabezando cuanto grupo de actores, cirqueros zancudos o murgueros, recorre las calles de Rosario con sus piruetas y sus trajes de colores. Quizá alguna sala de teatro de esos que funcionan en casas antiguas, ruinosas, amenazadas por el desalojo o la piqueta lleve su nombre.
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El taller “El libro de arena” acaba de participar en una selección de cuentos y poesías convocada por Editorial Dunken. Durante la realización de la feria del Libro del corriente año se nos hizo entrega de manos de la escritora Maria Granata y del Sr César Méliz como parte de la editorial, los libros que contienen los textos de los 30 talleres literarios participantes. Este emprendimiento editorial permite salir del anonimato a muchos buenos escritores, fomenta la participación en los talleres ya que permite que se muestre la actividad de los mismos y es un estímulo tanto para los talleristas como para los coordinadores. Con modestia tomo como propias las palabras de Maria Granata acerca de la misión de los talleres literarios: conducir la vacilación hacia la firmeza; lo que se debate en la oscuridad hacia esa claridad que es la entrega de la luz propia. Agradezco especialmente a cada uno de los integrantes del taller que coordino sin los cuales no hubiese sido posible ejercer este oficio que me gratifica tanto. ROSI MENDICINO
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A mi hemana Mabel.
El término se popularizó después de la privatización de ENTEL. Más de un laburante se jugó la última carta en uno de esos negocitos. Pero yo conocí la palabra mucho tiempo antes.
Esa noche mi papá me acompañó hasta la avenida San Martín. "Otra vez tengo que cuidarte como cuando eras piba" expresó sacudiendo la cabeza. "Me da miedo que andes sola de noche, vos sabés" agregó con tono tierno. Por aquellos años los ómnibus salían hacia Buenos Aires por esa calle. Había una parada cerca de casa.
Llegué a capital el domingo muy temprano. Tomé un colectivo de línea.
Una vez en el lugar hice una cola larguísima. Realicé el trámite trasponiendo un enorme portón de hierro por el que se ingresaba a un primer patio. Me informaron: es con "locutorio". No sabía de qué se trataba. Presenté la documentación en regla, que incluía hasta una partida de nacimiento actualizada. Tuve la fantasía de que en ese momento ella estaría en recreo y la vería pasar. Pero fue sólo eso, una ilusión.
Sobrevino luego una espera que se hizo interminable. Los bares ubicados en la vereda de enfrente proveían de cuanto uno podía necesitar. Hasta alquilaban la ropa adecuada que se requería para el ingreso. Por ellos deambulamos mujeres de distintas edades y condición social. Había inquietud, angustia, chicos que lloraban.
Finalmente se acercaban las dieciséis. Como cuadraba al lugar y la época comenzamos a ingresar en riguroso orden y en hilera. Portones que chirriaban, corredores grises, paredes gruesas, altísimas. Oficinas lúgubres. Empleadas más lúgubres aun, como mimetizadas con el lugar. Eso si, todo muy limpio. Mientras me requisaban recordé la última vez que la vi, hacía como tres años. Fue en la Alcaidía de mujeres de Rosario, antes que tuviera que marcharme. Ella se había lavado el cabello para recibirnos, lo tenía largo y brillante y yo se lo había acariciado…
Ahora nos dominaba la ansiedad. Días atrás las detenidas comunes habían protagonizado un intento de motín. La prensa había retaceado información. No teníamos noticias certeras de lo sucedido. Sabía que no podría preguntar demasiado.
Cuando terminó la requisa nos condujeron al lugar de las visitas. Un corredor con una hilera de celdillas individuales. Cada una con una ventanilla. De cada lado del vidrio un tubo para "comunicarnos". Entonces supe que eso era un "locutorio". Comprendí el porqué de la creencia que las conversaciones de las presas políticas se grababan, o al menos eran escuchadas.
Ahí, detrás del vidrio estaba ella. Sólo veía su cara y la parte superior del tórax. No podíamos abrazarnos, besarnos. No sabíamos que decirnos. Traté de preguntarle como pude, si no le había sucedido nada. Entre balbuceos me preguntó cómo estábamos. De la misma manera, entrecortada, le hice saber que los nenes de ella estaban bien. Nos alejamos un poco para tratar de vernos de cuerpo entero, si bien no lo logramos totalmente. Como cada vez que recibía visitas se había lavado el cabello que lucía brillante. Después pusimos nuestras manos contra el vidrio, como tocándonos, y noté que no se comía más las uñas. Nos dijimos una a la otra que nos veíamos lindas y era cierto, al menos a ella así la veía. La entereza para soportar la pesadilla que le tocaba vivir la hacía hermosa. Algo así trataba de decirle haciendo un esfuerzo para no quebrarme cuando la celadora nos indicó que había finalizado la hora de visita. Mi hermana me sonreía detrás del vidrio mientras se alejaba con un gesto de resignación. Salí de la Cárcel de Villa Devoto.
Han transcurrido veintiocho años de aquel domingo que como éste, se alargaba en el atardecer y a pesar de todo, como hoy, se empeñaba en oler a primavera.
1º de octubre de 2006
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La hamaca paraguaya Una mujer nueva, casa nueva, etapa nueva. Tanta novedad incluía, por supuesto la concreción de muchos sueños postergados, cambios de hábitos, y la necesidad de guardar para siempre prejuicios y mandatos en un cajón bien cerrado. Como se dice en estos casos: volver a empezar. No es fácil , en esta sociedad occidental, y para una mujer que pisa los cincuenta, vivir sola , sin el hombre proveedor, sin el hombro masculino en donde se supone una encuentra el apoyo, sin tener del todo resuelta la independencia económica , y en un país tercermundista, con animales sueltos a pesar del corralito. Pero nada importa cuando una se siente dueña de su vida , de su libertad, cuando tiene toda la energía para construir lo que sea, no solo construir sino pintar, mantener el jardín , usar el taladro eléctrico , pinzas , buscapolos , destornilladores y porque no, hacer el asado los domingos. Mi casa acompaña con sus características este momento de cambio. Chica, luminosa, cálida, muy sencilla, jardines pequeños la limitan por delante y por detrás, añadiendo el verde necesario para la vida. Un jazmín del Paraguay, cargado de flores perfumadas invita a entrar y cortinas blancas tejidas al telar asomando por la puerta principal dan el toque romántico al conjunto. Su interior alberga el espacio y los muebles necesarios. Dentro de este posicionamiento diferente incluyo andar liviana de equipaje, revalorizando otras cuestiones como una buena biblioteca, instalada al mes de habitar la casa, los amigos, la vida interior, el trabajo y un buen lugar y tiempo para el placer. Y si de placer se trata, una vez que me acomodé en el nuevo habitat apareció el primer deseo: la hamaca paraguaya. Ella representaba para mí la idea de relajación, reposo, meditación, siesta, paisaje tropical, copa con sorbete, rodajas de limón, verano, tantas cosas...; con tantos atributos debía formar parte de mis proyectos inconclusos. Casualmente, aunque no creo en las casualidades, un morocho brasileño con una carga preciada de blancas hamacas enredadas en su hombro se interpuso en mi camino. Un regateo corto, la búsqueda de una que se adaptara a mi estrecho patio trasero hicieron ágil el trámite y no me dejaron tiempo para saborear lo que estaba ocurriendo. Era la feliz propietaria de una hamaca paraguaya. Ya en casa ,vino la urgencia de colgarla y estrenarla. El lugar elegido no era el mejor en cuanto a la apetecida frescura del verano, además necesitaba dos soportes bien reforzados y lo único disponible se ubicaba entre una ventana y la escalera o sea el lugar más caluroso del patio. Pero ese detalle podía obviarse ante el deseo desbordado de sumergirme en ella. Sin querer viene a mi memoria el pensamiento de una amiga: Siempre que una mujer conoce a un hombre, posible candidato, debe preguntar si él tiene ,y lo usa, un taladro eléctrico. Como ese no es mi caso, ante la falta de... buenos son las rejas e hierros que están allí y uno no sabe porqué y para qué. Conclusión: mi urgencia fue satisfecha y allí estaba, lista , instalada y convocante. Claro, no es fácil acomodarse sobre una superficie movediza, angosta y corta para mi metro sesenta y cinco. Con cuidado, deposité primero una parte de mi humanidad y luego el resto .Descargué con temor todo el peso y listo, lo había logrado. Mis ojos contemplaban el cielo desde otra perspectiva. Una mariposa naranja furioso se acercó tímida a compartir el momento. Las nubes pasaban hacia el oeste y al perseguirlas me topé con un sol brillante que me cegó momentáneamente. Que más podía pedir .Empecé a balancearme, ya me había sacado los lentes para que nada artificial se interpusiera en mi encuentro con la naturaleza. Estaba tan relajada que casi casi me dormía cuando me sobresaltó un brusco y exiguo descenso. Me negaba a abandonar el éxtasis así que me repuse y continué en actitud contemplativa al mejor estilo hindú. El calor comenzaba a molestar y con movimientos torpes comencé a quitarme un poco de ropa resistiéndome a abandonar lo que tanto me había costado alcanzar. Todo sucedió en una fracción de segundo .El lugar donde la espalda cambia de nombre me dolió durante varios días. No quiero dar detalles porque la situación es bastante bochornosa. Ya se, se están riendo, y si , es inevitable. Como no soy mujer que se rinde así nomás y a falta de candidato con taladro eléctrico recurrí a los buenos oficios de un herrero ,quien por una módica suma colocó a la hamaca en el mismo lugar (no quedaba otro) pero a prueba de gente pesada. A partir de ese momento se alternaron días de lluvia con días calurosos dignos de la selva tropical, y el rincón que ocupaba la hamaca se volvió inhóspito . Siempre quedaba la opción nocturna; una de las motivaciones para la adquisición del adminículo era dormitar con los ojos abiertos bajo la noche negra y estrellada. Pero los veranitos rosarinos, tan húmedos, propician la existencia de mosquitos que bien podrían habitar un parque jurásico, entonces se hacía difícil reposar aplaudiendo insectos. En fin, la dicha de soñar sobre la hamaca paraguaya, no se concretó. Ella espera, silenciosa y acurrucada en el fondo del plackard. Cada tanto la miro y sonrío. Forma parte del permitirse, del darse, de los desafíos ,de vivir. Por eso ocupa un lugar importante Empezaba a librar pequeñas batallas, perdería algunas, vencería en otras, pero peleaba y podía sola. Dijo Ernesto Sábato: "El ser humano sabe hacer de los obstáculos nuevos caminos porque a la vida le basta el espacio de una grieta para renacer" De eso se trata. Como vivir sola y sobrevivir en el intento 2ª Entrega y última Service de Electrodomésticos El primer año transcurrió entre "depres" , aventuras amorosas que me sacaban de la "depre" y me devolvían a ella, muchos planteos del tipo ¿a quien se le ocurre divorciarse en este momento del país? o...¿Que estoy haciendo esta noche aquí sola? Y ahora ¿Quién podrá defenderme? Pero como el "Chapulin Colorado" nunca apareció saqué a relucir mis mejores armas y continué con la batalla. Mi titulo universitario, mi gusto por la escritura, mi habilidad culinaria, un poco de caradurez para salir a vender sin saber hacerlo y mi instinto maternal hicieron posible que me multiplicara en cinco trabajos. Cada día que comenzaba era un personaje diferente y a veces cambiaba de rol en una misma jornada. A la mañana había cuidado niños ajenos y a la tarde recuperaba los problemas de aprendizaje de otros. Al día siguiente me entreveraba entre ollas y sartenes cocinando para un batallón , mientras realizaba telefónicamente en la compañía de seguros los trámites de un siniestro de un automotor para uno de mis trabajos. Muchas mañanas despertaba con la incertidumbre de no saber quien era ese día y solo unas pocas ocasiones me detenía a analizar la situación para decirme a mi misma – y me lo tenia que creer- que no era un caso de esquizofrenia el mío sino una acomodación a la realidad que me tocaba vivir. Entonces me autoconvencía que lo mío era ser versátil para afrontar situaciones en las que "hay parar la olla y para lograrlo hay que ser y hacer lo que sea". Hasta que en el engranaje montado para sobrevivir saltó una pieza. Esta vez fue la perilla de la cocina que enciende el horno. Era el día previo al que me tocaba cocinar para doce personas, el menú era pizza, hecha al horno por supuesto. Se había trabado y no se movía. Primero intenté con una pinza, nada , después con el gasista: no sabia si podía atender mi urgencia. A la mañana siguiente , al regresar de mi cuarto trabajo , encuentro un papel debajo de la puerta en el que me piden empanadas al horno. En ese momento me invadió la furia, ella hizo de motor y fui directo al lavadero a buscar el martillo. El mecanismo de la perilla insistía en quedarse donde estaba, probé con un destornillador y la falta de experiencia me costó una herida en el dedo pulgar, volví al martillo mientras me repetía interiormente: no me va a ganar, tengo que poder hasta que el golpe justo destrabó el perno atascado y la perilla giró .Entre lágrimas de dolor por la herida sangrante y por la emoción me dediqué a cocinar las pizzas mas valiosas de mi vida. Después de este episodio se rompió el lavarropas, algunas canillas agotaron sus cueritos, se tapó la cañería del baño,; en vez de cinco trabajos tengo tres, muchas veces no llego a fin de mes, no le quito el trabajo a los gasistas ni a los pintores pero puedo...sola y a veces con la ayuda de los que saben
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"Pero a veces, así como hay años enteros de una larga y espesa oscuridad, un minuto de la vida de un hombre es una luz deslumbrante", dice Aroldo Conti en PERFUMADA NOCHE. La de César Tabares fue una vida llena de minutos de luz. Un chico delgaducho que corría y jugueteaba por el barrio. Pasó por el secundario, se estiró de golpe, se convirtió en un muchacho rebelde y desgarbado. Tal vez haya tenido un momento sombrío cuando cabeceó a alguna piba en un baile y ella le dio vuelta la cara. Creció. Se convirtió en un tipo bien parecido, con chispas doradas en los ojos. Descubrió la injusticia. Tuvo compañeros de ideales. Construyó utopías mateando hasta el amanecer. Alicia había venido de Cañada Rosquín a estudiar psicología. Delgada, de grandes ojos oscuros y cabello ondulado castaño claro, casi rubio. Quizá como en el cuento de Conti fue en una "perfumada noche". Él se enamoró de ella y ella se enamoró de él. Del amor de la pareja nacieron tres hijos. La vida de un hombre, unas cuantas líneas. En lugar de "un puñadito" de tristezas, como la del personaje, un puñado de felicidad.Tenían por delante millones de minutos de "luz deslumbrante". Este podría haber sido el final de la historia. Tabares moriría "de vejeces", es decir de "una buena muerte, al natural" como el Sr. Pelice. Pocos lo recordarían. El 5 de enero de 1977 su mujer y sus hijos esperaban a César en Cañada. Anochecía sin perfume. Él salió del estudio que compartía con otro abogado en busca de su Citröen. La noche olía a bestias, a sangre, a muerte. Noche de " una larga y espesa oscuridad", esa que "duró años enteros". El auto quedó en la calle. Para Federico, Leandro y Julieta Tabares ese seis de enero no llegaron ni los Reyes ni el papá. Sus mentes inocentes no hallaron respuestas ante tanta ausencia. Alicia comenzó a golpear puertas, llegó hasta la de la calle Dorrego. Se rieron en su cara. Se encontró con otra mujer, la loca la llamaban, la bicicleta de su hijo había quedado en la calle. César Tabares no fue enterrado, por eso no fue olvidado, al igual que Conti, que otros miles. Haroldo plantó álamos en sus libros. Plantamos árboles en el Bosque de la memoria, otros los arrancaron, volvimos a plantarlos. La que llamaban loca se encontró con otras. Aún llevan pañuelos blancos en sus cabezas. Fernando Traverso estampa bicicletas en las calles. Mi hijo se llama César en homenaje a Tabares. Julio de 2006- Berta L. Temporelli Los párrafos entre comillas son textuales del Cuento de Haroldo Conti "PERFUMADA NOCHE", del libro: "LA BALADA DEL ÁLAMO CAROLINA.
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Agosto de l976.Un día frío y húmedo. Las primeras horas de la tarde. Lo último que guardan en la baulera del ómnibus es la pelota de cuero de mi hijito. ¡Mi gol! ¡Mi gol! Reclama. En su media lengua le resulta más fácil llamar gol a la pelota, viaja sobre mi falda y la de la nona. Juega inocentemente. Repaso en mi mente los días… Dejamos el nene en lo de mis viejos y pasamos la última noche en un hotel por horas. A la mañana siguiente lo acompaño a tomar el colectivo que lo lleva a la Terminal. No nos vemos desde entonces. Casi un mes. El último día de regreso desde la escuela Musto con mi compañera. Ella presiente porqué dejo el trabajo. Apenas hablamos. Antes de bajar del colectivo quisiéramos darnos un abrazo, nos despedimos como todos los días. El viaje se hace interminable. En cada parada mi chiquito reclama ¡Mi gol! Después se conforma, sabe que va a ver a su papá. Se duerme con un cuento de su nona criolla. Mi vieja. Hace un año tiene una hija presa, con mi viejo le crían los nenes. Le sobró voluntad para acompañarme. Llegamos a la mañana siguiente, después de más de diecisiete horas de run run. Cargamos bolsos y valijas en un taxi, él lleva su "gol". El solcito pica. El puerto parece un hormiguero, gente humilde que viene y va con bolsos y paquetes. Nos embarcamos en una de las lanchas precarias que cruzan el río, muchas mujeres con bultos en la cabeza. ¿Nos alejamos de qué? Busco las palabras…Patria, utopías, realidad, pesadilla. Todas me duelen. El sol se refleja en cada pedacito de la superficie del agua, estos vienen, van, se unen, se separan. Como cada una de las palabras, trocitos con los que he formado las imágenes del terror. Se llevan a alguien, lo largan a los dos días, le pide a un amigo en común: " avisales, que se vayan, me preguntaron por él y por el flaco"."Pocos días después van a buscarnos al domicilio donde vivimos hasta el año anterior, nos llaman a gritos. El departamentito está desocupado. Saltan el tapial, abren las puertas de las habitaciones a patadas. Revuelven unas pocas cosas inútiles. Suben a la terraza, se rompe el tanque del agua, provoca un gran estruendo. Se descuelgan de los techos a los departamentos contiguos, sacan a los vecinos en calzoncillos al patio, hace un frío terrible". Las imágenes se repiten, las desarmo, se vuelven a formar. Diviso la otra orilla. El sol abraza, ya es medio día. Todo el paisaje tiene el tono rojizo de la tierra. Escucho palabras nuevas. Encarnación suena como el nombre de una tía, Paraguay es melodiosa como una guarania. Las paseras cargan sus bultos en la cabeza, se apresuran a bajar. Una nube de mbarigüis nos sobrevuela, hay una hilera de karumbés aguardando pasajeros. Él nos está esperando. Nuestro hijito corre a sus brazos con su pelota. Nos abrazamos los tres. Gerardo Sabino es feliz, le basta con saber decir papa, mamá, gol. No conoce esa nueva palabra: "exilio". Berta Temporelli Junio de 2006
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Preparo los últimos detalles. Mi pesebre tercermundista está hermoso. ¡Ah, falta algo! Lo saco de la caja. Éste también es a apilas. ¿Cómo se armará? Lo intento. ¡Un Papá Noel Made in China! ¿Y El mundo occidental y cristiano? “Si occidente no era cristiano, ni Cristo era occidental”, dijo un viejo dirigente del Partido Comunista. La globalización. Me imagino al niñito Jesús a pilas, con ojos achinados, moviendo los bracitos y las piernitas al compás de: Jingle bell, jingle bell… Todos los años alguna película de Hollywood da fe de que él existe, eso si, para los niños buenos, los que viven donde cae nieve en navidad. Nunca Papá Noel se le aparece a un niño de Irak, de una favela o de una choza en Somalia. ¡Aleluya hermanos, se mueve! Ya podemos celebrar la Nochebuena. Lo cuelgo a la entrada, sube la cuerda con su trajecito rojo, cantando el tema de la película “Mi pobre angelito”. Llegan mis familiares. ¿Les gusta? Les pregunto. _Abuela, gastaste $30 en esto? Mejor me dabas la plata y me compraba un CD de Skap. _ ¿Y esto qué es? _Un pesebre. _Esto es de los años sesenta, abu. La nueva pareja de mi hijo comenta: “Parece que te interesa la arqueología urbana”. Vestido a lo Sinatra Luis Miguel canta desde la tele “y Santa Clos llegó a la ciudad”, mientras cae la nieve en Nueva York. A mí me caen... no, lágrimas no, gruesas gotas de transpiración, la pantalla indica 35 grados de sensación térmica.
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Preparan un brindis en la oficina. No soporto ese “clima” de falsa calidez que se genera, tan superficial. Al desearme “felicidades”, se me representa la cara del gordo Casero. Nos Besamos por compromiso, en el aire, sin siquiera rozarnos las mejillas, reflexiono mientras me pregunto impaciente qué pasa hoy con el reloj, que no corre. Recuerdo qué hermosas eran las fiestas navideñas de mi niñez, ese humilde pesebre que mami armaba todos los años, el niñito Dios…. ¿Hoy el tiempo no pasa? Hace más de treinta años -hacía mucho que yo había dejado de creer- nos pareció bien a mi esposo y a mí continuar con la tradición familiar. Compramos un pesebre de arcilla hecho por las artesanas de Areguá. Aún lo conservo. Es hermoso, tendría que buscarlo… Tengo ante mí el árbol de navidad, lo arma todos los años la bruja más antigua, cree que es un derecho adquirido. Le ha agregado con el tiempo cuanto adorno cae en sus manos: los de Coca Cola, los de Taper, la basura china, si hasta debe tener los espejitos que los conquistadores les cambiaban a los indios. Ignora lo que es contaminación visual. Ya faltan pocos minutos para el horario de salida. Descubrieron en un armario el espantoso florero de plástico plateado con flores doradas de todo por dos pesos que yo había escondido y lo pusieron en el escritorio. Es lo último que veo antes de cerrar la puerta. Me voy sin saludar, es la hora. Ni se dieron cuenta. Tengo que hacer algunas compras para la reunión familiar de mañana. Vienen los nietos. Mi hijo me avisó que trae a su nueva pareja. ¿Cuántas van con esta? Ya perdí la cuenta... Me resisto a ir al centro, debe ser un loquero. Me trepo al colectivo. Pisotones, apretujones. Suenan los ringtones de los celulares, contestan. ¿Cómo pueden escuchar? Bolsas y paquetes, parecería que el pasaje volviese de un saqueo. Me bajo en el centro comercial de la zona sur. Miro vidrieras, todo funciona a pilas, tiene sonidos, luces. A brillar mi amor, vamos a brillar… Allí, en la puerta de un negocio, con su traje polar está él, soportando estoicamente la temperatura de las dos de la tarde.¡Jo! ¡Jo! ¡Jo! Se saca la barba blanca postiza y el gorro rojo de raso. De dónde lo conozco? Ya recuerdo, es actor de teatro, lo vi en una obra, se la rebusca de Papá Noel. Se seca la transpiración con la manga de la chaqueta. Pone los labios en forma de piquito y le tira un beso en el aire al empleado parecido a Brad Pitt que comienza a cerrar el comercio. Toma un taxi. Entro corriendo A “Fashion house”. Durante cuarenta años fue el bazar de don Juancito, el careta del hijo le cambió el nombre cuando murió el padre. El negocio parece tierra arrasada. Miro los rezagos de la batalla consumista. Allí está él otra vez, todo un ícono del postmodernismo. Con su barba blanca, un trajecito de terciopelo rojo y una bolsita al hombro trepa por una cuerda que cuelga del techo. Hasta el año pasado mi nieto lo adoraba. Uno de esos, le digo a la vendedora que tiene cara de no doy mas. Treinta pesos. Ya cierran. Salgo corriendo, tomo un taxi.
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La embarcación se despega del puerto de Buenos Aires con rumbo a... Podría decir simplemente al mar , a otros países, al mundo, al espacio abierto o al Universo. En su destino están los todos sitios disponibles; y yo aquí, dentro de este hotel , contemplando inmóvil a través de la cuadrada limitación, freno puesto a la libertad de mirar. De pronto, camino por el corredor hacia los ascensores, desciendo, busco la calle, abro los ojos todo lo que puedo y el cielo cristalino de la tarde porteña me devuelve lo que por un instante me quitaron las ventanas. Cuando cruzo la calle para ver mejor la 9 de julio, un joven me sorprende y me saca por un instante de la contemplación. El camina como en tinieblas, semidesnudo, farfullando incoherencias, ausente, tratando de elevarse por encima de aquello que lo asusta. Me hace pensar en tantas cosas verlo así, quisiera abrazarlo pero se aleja, dejándome un sabor amargo. Un cartel atrapado en el tiempo anuncia HOTEL PORTOFINO y me sustrae de la realidad que golpea, para trasladarme a un pasado que no quiere morir. La avenida de Mayo me recibe con su traje de domingo a la mañana , como no la tengo que cruzar corriendo aspiro su perfume y la disfruto palmo a palmo. De pronto una vereda abre la boca para invitarme a ir de Piedras a Plaza de Mayo y su compañera de enfrente la imita pero el destino es la Primera Junta. Es curioso el ofrecimiento,ya que los provincianos no estamos acostumbrados. En Santa Fe como en el resto del país o se vuela o se flota o se va por encima de la tierra, nunca por debajo. Continúo caminando hasta que mis pasos me ubican frente a la entrada del Tortoni y la emoción ocupa todo mi ser. Hasta siento irrespetuosa mi vestimenta para entrar en el local, pero me animo y abro la puerta para ubicarme en otra dimensión. Todo lo que toco y veo es poco comparado a lo que siento flotar en el aire. Seres encerrados en vitrinas, posando en daguerrotipos color sepia asisten silenciosos al desfile de visitantes.Quizás estén ocupando una mesita al costado de los billares y sonrían picarescos. Cuantas veces busqué algún indicio de Alfonsina junto al mar que la abrazó, sin saber que ella estaba esperándome escondida en el café. Un ángel gris encerrado en un cuadro escucha atento las conversaciones de dos extranjeros. Estos nombran the sky y él suspira nostalgioso, añorando la libertad perdida. Insisto en quedarme. Vuelvo a recorrer el local, robo servilletitas de papel que retienen en un logo antiguo el espíritu del bar. El tiempo pasó y debo irme. Saludo a todos los espíritus, fantasmas y duendes que encuentro y les prometo volver. Vuelvo al hotel y las primeras palabras de mi mejor cuento asoman en el papel blanco, obedeciendo quizás, al dictado de esos seres fantásticos.
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Por ser mañana de domingo, esa parte si me gusta, los vecinos duermen ,mi hija duerme, los bichos de la casa duermen, mi ventana se dora de sol, me escriben mis amigos y yo contesto, saboreo mis mates amargos, mi pijama y mis pantuflas, se aquieta mi espíritu de la aceleración que lo excita durante la semana, por ser mañana de domingo decía me parece que estoy un poco densa. Para la sociedad (léase conjunto de personas donde estoy inmersa e incluida?) hoy es el día de la madre y ya arranque llorando por un fw de esos que te aflojan la lágrima. También acosé a un ser vivo con algunas de mis ideas reiterativas acerca de matar el domingo. Y… uno es así. Por estos días vengo repitiendo que es tiempo de resucitar – puaj que palabra- porque a veces uno muere. ¿Cuándo? Sencillo Cuando hace lo que quieren los demás: ese paquete que se llama sociedad, buenas costumbres, reglamentos, apariencias. Cuando un calla y no dice lo que piensa. Cuando uno no pelea por lo que quiere. Por esa magia que tiene esto del tiempo para el que esta leyendo sigue siendo el mismo momento pero para mi es ya la tarde de este domingo. Releo lo que puse y ¡basta! Ya estaba pareciendo a una mezcla pastosa de Cohelo y Bucay y saben… esta vez no la quiero matar a la tarde. Es una de las más lindas que he tenido en los últimos tiempos. Leo una entrevista a Saramago en la Ñ; dice:”Yo siempre estoy preocupado aquí porque los pájaros tengan agua, son cosas tontas pero alguien tiene que encargarse porque si no tienen agua aquí pues la encuentra en otro lugar.(…) Por eso creo que yo tengo un vínculo natural, espontáneo en el sentir del paisaje, el cielo, las nubes”. Sigue pero yo escucho un ruido, levanto la cabeza y veo un agrisado cachilo con su copete prolijo dándose un baño en una canaleta de un techo que veo desde mi patio .Para él es un Spa pensé y sonreí .Es pura magia, son los pájaros de Saramago. Sigo leyendo Yo he vivido una relación con la naturaleza que se dio naturalmente: un canto, un árbol, el río. Cosas que son el mundo mismo .No es la naturaleza abstracta; es la cobra, la serpiente, el sapo…” Otro ruido, busco arriba y ahora es una paloma pero no viene por un baño, tiene sed y toma en el mismo lugar donde el cachilo se bañó. Pienso:”Son el mundo mismo”, que bueno percibirlo ,que buena tarde de domingo .No encontró hueco la soledad. Me acompañan Saramago , el cachilo , la paloma, mis gatitas que duermen amorosamente encimadas, la perra atrás mío redondea su sueño. Todo es plácido , sencillo. Un profesor de filosofía italiano anuncia en otra página de la Ñ: Bestias, hombres…¿cuál es la diferencia? Somos el mundo mismo, repito a Saramago.
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DROGA: ESCRITORES EN EXTASIS. Por CÉSAR MEDAIL Del opio de de Quincey a la mescalina de Ginsberg ,pasando por Baudelaire y Kerouac :los autores que han experimentado y contado los estados alucinatorios DeQuincey,Coleridge,Poe,Gautier,Baudelaire,Nerval,Hugo,Novalis,Bulgakov,Jünger,Maupassant,Freud,Nietzsche,Benjamín , Cocteau , Artaud ,Michaux, Burrough ,Kerouac,Ginsberg; son solo los nombres más resonantes de una infinita lista de escritores de los dos últimos siglos cuya existencia ha sido atravesada por las drogas. Mientras las crónicas del éxtasis refieren tragedias de jóvenes en búsqueda de éxito sin retorno creativo, podríamos preguntarnos si aquellos artistas debían a las drogas parte de su grandeza. En 1821 "Confesiones de un opiómano inglés" de Thomas de Quincey, aparece como un texto capital. Después de haber conocido el opio para aliviar dolores reumáticos y perturbaciones existenciales en el sueño de la droga, se le abre a De Quincey una suerte de teatro onírico (espectáculos de un esplendor ultraterreno, la más pavorosa fuente de placer y de dolor que se puedan imaginar) que le hace sentir, a diferencia del vino que esclaviza, un predominio de la parte divina de su naturaleza. Más tarde él habría vivido todo aquello como una prisión de delirios de los que pudo liberarse, con el hígado destruido, antes de morir a los 72 años. Las cumbres del éxtasis y los abismos de la pena son, por lo tanto, la constante de los artistas que encuentran en la droga otro mundo especial respecto al aburrimiento de vivir. Un amigo de de Quincey, Coleridge, otro inglés, es el primero en concretar la cuestión del nexo entre la droga y el texto. Emile Zola sostiene que Coleridge y Baudelaire son suficientes para demostrar que en la historia literaria, existen momentos especiales explicables solo por el uso de la droga. Por ejemplo aquellos fundados en la cinestesia, es decir , de oír los colores y ver los sonidos como en algunos versos de Coleridge. Alberto Castoldi sostiene que la creatividad inducida por las drogas no se puede probar. El análisis de los textos rebela que corresponden al clima cultural de los tiempos a que pertenecían. Admite que las drogas, en particular la cocaína, morfina y derivados, aceleran el pensamiento, producen combinaciones insólitas, pero de por si no producen arte. Ningún autor , en efecto, escribe bajo los efectos de la droga, solo después cuando recuerda la visión y además ya está condicionado por sus modelos literarios. Baudalaire es emblemático del rapport entre la droga y la cultura francesa contemporánea. Zola aspira opio, también hashish, por razones médicas .Llega a definir la droga como vieja , terrible amiga , fuente de caricias y traiciones. Tales experiencias ¿Pueden haber determinado las vetas poéticas de Baudelaire o la grandeza de Poe o por lo menos influido sobre ellos? Según Castoldi el trabajo en el texto aparece cuando el efecto de la droga ya pasó y los sueños son un recuerdo. Entre el ochocientos y el novecientos la relación entre la droga y la literatura cambia y la ambivalencia de los románticos es menor. Ellos maldecían y adoraban aquellas cadenas de sueños La ambigüedad nacía por el hecho que no existían otras medicinas: los derivados de la droga era el único alivio para los males físicos y nerviosos, de modo que muchos encontraron los paraísos durante un tratamiento, ya predispuestos a la catástrofe psicofísica. Flaubert definiría a las sustancias embriagantes una condena a la locura y Tolstoi causa de inmoralidad. En el novecientos en cambio cuando la medicina se impuso y la droga se volvió una elección , florecieron los elogios de la morfina , la cocaína, la mescalina y el LSD. Está quien se droga para conocerla y queda esclavo como Freud de la cocaína; Benjamin elogia la embriaguez, aún admitiendo la dificultad de administrar la creatividad. Maupassant escribe: Justamente Uds. Literatos deberían usarla. Los poetas de la generación beat entretejieron elogios de la mescalina y del LSD en clave místico-alternativa. Para Castaneda la droga era el camino para alcanzar un conocimiento de nuestros esquemas racionales, no tanto literatura sino experiencia. Para Huxley "no podremos liberarnos de las drogas porque la manía de trascender a si mismos es una necesidad innata del hombre" En fin, la ideología de la droga como símbolo alternativo del orden constitutivo y al peso existencial en que deriva, es todavía mas evidente en Ginsberg, Burroughs y Kerouac los cuales buscan espacios ilusorios de libertad que a nivel literario detienen la tradición. Hay un caso que se sale de cualquier parámetro y es aquel de Ernst Jünger, el intelectual alemán muerto en 1996 a los 102 años que experimentó el conocimiento de todas las drogas posibles, sin quedar involucrado y refiriéndose a ella en lúcidos escritos. "Dominar la droga antes que ser dominados no es para todos "concluyó Zola. Jünger lo hizo, pero quien puede decir yo estoy hecho de esa pasta. Frente a tantas catástrofes personales entre los grandes drogadictos de Occidente que también alcanzaban vetas literarias, Zola se pregunta como es posible establecer un código para todos: según el individuo, el período, el siglo, la cultura, los efectos son distintos. Quizás el problema no tenga solución Hacen reír la bandada de jóvenes que de los Estados Unidos invaden el centro y Sudamérica a la búsqueda de experiencias que despojadas de su significación ritual, de su aura, terminan en desilusiones que dejan pena. Sin contar , concluye Zola que no existe ninguna vía que lleve al arte, incluidas las drogas , si uno no está destinado para eso. Traducido por Rosi Mendicino
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Atrapada sin salida. Por Rosi Mendicino Laberinto: Lugar formado de calles, encrucijadas y plazuelas, dispuestas de tal modo que al que estádentro le sea muy difícil acertar la salida.
Allá por el fin del siglo XIX don Pavlov paseaba estresadas ratitas por laberintos engañosos, labor fructífera que concluyó en su Teoría de los reflejos condicionados. Borges nos deslumbró con sus laberintos permitiéndonos perdernos y encontrarnos una y mil veces en la lectura de su obra. La localidad serrana de Los Cocos sorprende desde hace varias décadas al veraneante con su verde y prolijo laberinto. -Sufre de laberinto pobre...- chismorrea a la mañana temprano con escoba y mate en mano la vecina de enfrente . El método de asociación libre me puede seguir llevando a innumerables laberintos famosos mientras paseo entretenida por las calles de mi ciudad. Ya llevo 60 minutos, algo así como una hora, y no se avizora la salida o la llegada depende si se mira desde dentro del laberinto o pensando en descender en la esquina de la casa de una amiga que me esperará inquieta. Todo empieza cuando emprendo el viaje desde mi entrañable Fisherton ,en el no menos entrañable y "excelente" servicio de transporte público como lo es el 116 , hacia Ocampo y Entre Ríos. Me coloco los auriculares de mi nueva radio para entretenerme buscando una emisora que sea algo mas que un molesto zumbido, avanzo sin novedad hasta que dirijo la mirada hacia la ventanilla y advierto que el paisaje no es el mismo de siempre. Son los piqueteros , puedo escuchar al quitarme uno de los molestos tapones. Como todavía restaba camino para concluir mi viaje no me preocupo demasiado por el cambio. Comienza el murmullo entre los pasajeros, las preguntas al chofer y mi curiosidad por saber si la Real Academia Española incorporara en la nueva edición del diccionario la palabra piquetero - o tal vez ya figure- Aprieto el botón derecho de la compu en el momento en que escribo esta nota y la pantalla me devuelve piquete, piquetes , piquetazo, piquero, paquetero pero del piquetero no está enterada. En fin , la cuestión es que el ómnibus corrige el rumbo y retorna al sendero original pero esa rutina no dura mucho porque una moto , policía mediante, nos detiene sin compasión. Hay que desviarse nuevamente y esta vez, al mejor estilo de un tour el paisaje rio-isla- se despliega ante la atónita mirada de todos los privilegiados pasajeros del vehículo urbano. -¿Usted no se imaginaba conocer estos lugares, no? Comenta un jubilado a su compañera de asiento. A esta altura de los acontecimientos pasé por todos los estados de ánimo posibles: el fastidio, la bronca, la incredulidad, la impaciencia, la impotencia y por ultimo la resignación; hasta me permití sonreírme de nosotros mismos .Aparece el Parque España, el túnel que envuelve a la calle Sarmiento y ya como están las cosas me entrego totalmente a la aventura de vivir en este país generoso , de viajar en esa callecitas que tiene un no sé que... que a uno lo marean un poco. Saldremos de la trampa bajo el estimulo de la comida de don Pavlov o ayudados por alguno que nos instruye desde el final como me sucedía cuando iba a Los Cocos o tendremos que invocar al viejo sabio y cascarrabia, experto en laberintos. No lo sé. El cronómetro marca 80 minutos y creo que diviso a los lejos la bandera a cuadros Para la próxima excursión quizás opte por los indios ranqueles o mejor cambio de agencia de viajes.
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"El poder mostrar lo que se produce en los talleres al público en general aumentará la concurrencia a los mismos, favorecerá la lectura y el acercamiento de la actividad literaria a más personas"
La escritora Rosi Mendicino coordina el Taller de Narrativa que se dictá los días sábados en la Librería Buchín. La literatura para Mendicino es como un juego, analogía que permite pensar la literatura desde los diferentes matices que subyacen en ella. Juego y recurso que según la narradora permiten modificar la realidad, redefiniéndola infinitamente. Por otro lado destacó la importancia de un espacio que permita establecer la interacción entre los diferentes talleres, porque permitiría "relacionarse, intercambiar experiencias, abrirse para sumar".
*¿Qué es la literatura en su vida? ¿Y cómo la definiría? La literatura me ha dado sin pedir nada a cambio, me ha permitido viajar sin haber salido de mi casa, me ha enriquecido, ha sido mi compañera de ruta. La definiría como un juego: Jugar a como si…, también como un recurso que permite modificar la realidad, reinventarla de infinitas maneras posibles. *¿En qué género se siente más cómoda escribiendo? Mi género preferido es el cuento, tiene rápida resolución, creo que está acorde a mi forma de ser. He intentado con la novela, pero quedo a mitad del camino. *¿Qué autores lee? Leo todo lo que cae en mis manos pero elijo entre los argentinos a Cortázar , Tizón, Hernández , Saer ,Castillo Moyano .hispanoamericanos :Roa Bastos ,Galeano , García Marquez, Rivera Letelier, Felisberto Hernandez y europeos muchos , es difícil nombrarlos a todos ,Kafka , A. Dumas, algunos italianos Moravia Buffalino, Saki ,Chesterton. Me gusta mucho reconocer en el taller a los olvidados nuestros como Kordon y Mateo Booz. *¿Para escribir es necesario tener ciertas condiciones? Además de las ganas de escribir y el gusto por la lectura creo que hay que tener una primera condición: estar dispuesto a reconocer los errores para poder crecer, tener mucha imaginación y disfrutar de todo el camino que se necesita para llegar a un buen texto terminado. Leer más
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