UNO
Escribir en cinco, o seis minutos, o lo que permita el teléfono. Colar en letras negras sobre fondo blanco las ideas que dan vueltas por la cabeza de uno en este rato –cinco o seis minutos– hasta que alguien busque salir de la angustia sojera y bursátil y existencial aferrándose a la esperanza de comprar un local comercial en plena peatonal por cien mil dólares. Cuñado dixit.
DOS
Entonces el teléfono suena. Y la voz, que aún no es alguien, es tan solo una voz, dice que vio un aviso, un cartel. Y ahí estalla el desencanto, cuando resulta que el cartel no es de un monoambiente de treinta mil dólares en cómodas y elásticas cuotas fijas sin ajustes, y se escucha el crack cuando la realidad le abre la grieta y ve que no hay monoambientes de treinta mil dólares.
TRES
Mientras tanto, las letras se resisten a salir. Y uno empuja, ordena, llama, hace palmas, grita y arrea las palabras para que salgan y digan lo que se supone que tiene que decir. Y es cierto. Las palabras, y sus mochilas significado-significante están en huelga de abecedario caído. Y como es miércoles se puede manifestar. Y las palabras no salen y sus mochilas quedan donde estaban, perdiendo el filo. Y los que habían dicho sus verdades, y las habían escrito en negro sobre blanco, hoy se cagan en eso, y hacen lo opuesto, o lo que les conviene pero nunca iban a hacer. Ya se sabe. En épocas de vacas gordas, las letras se venden al mejor postor. En épocas de vacas flacas, las letras buscan las vacas gordas. Y dicen que se puede caer el euro, y que van a pagar diez pesos por dólar. Y entonces el inefable cuñado podrá pasear orondo su acierto. Locales por cien mil; monoambientes por treinta. Te lo dije, dice.
CUATRO
Los martillos neumáticos trabajan en la remodelación de la peatonal que ya está terminada en parte, justo enfrente del local de la panchería. Y el pórfido, que tiene un nombre que me recuerda cierta cualidad humana, ya está manchado por los aderezos de la comida al paso. Es que son tantos los que buscan sacarle la mayor ventaja a los quince minutos para comer y los cuatro pesos para comer, que es inevitable que haya desparramo de aceites y grasas por el piso. Podría usar esta escena para decir algo sobre las nuevas formas de esclavitud, sobre la pauperización del hombre; reflexionar sobre el destino del domesticador del fuego. Podría. Pero suena el teléfono y el cuñado busca un local para poner una panchería. En el canal de música funcional están pasando a Gloria Gaynor. I will survive.