Preparo los últimos detalles. Mi pesebre tercermundista está hermoso. ¡Ah, falta algo! Lo saco de la caja. Éste también es a apilas. ¿Cómo se armará? Lo intento.
¡Un Papá Noel Made in China! ¿Y El mundo occidental y cristiano? “Si occidente no era cristiano, ni Cristo era occidental”, dijo un viejo dirigente del Partido Comunista. La globalización. Me imagino al niñito Jesús a pilas, con ojos achinados, moviendo los bracitos y las piernitas al compás de: Jingle bell, jingle bell…
Todos los años alguna película de Hollywood da fe de que él existe, eso si, para los niños buenos, los que viven donde cae nieve en navidad. Nunca Papá Noel se le aparece a un niño de Irak, de una favela o de una choza en Somalia.
¡Aleluya hermanos, se mueve! Ya podemos celebrar la Nochebuena. Lo cuelgo a la entrada, sube la cuerda con su trajecito rojo, cantando el tema de la película “Mi pobre angelito”.
Llegan mis familiares. ¿Les gusta? Les pregunto.
_Abuela, gastaste $30 en esto? Mejor me dabas la plata y me compraba un CD de Skap.
_ ¿Y esto qué es?
_Un pesebre.
_Esto es de los años sesenta, abu.
La nueva pareja de mi hijo comenta: “Parece que te interesa la arqueología urbana”.
Vestido a lo Sinatra Luis Miguel canta desde la tele “y Santa Clos llegó a la ciudad”, mientras cae la nieve en Nueva York. A mí me caen... no, lágrimas no, gruesas gotas de transpiración, la pantalla indica 35 grados de sensación térmica.