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Por Nicolas Doffo - 8 de Noviembre, 2007, 14:39, Categoría: MARCE NOMALUMBRE - Taller

Factoría: La última vez que me fui a dormir cuerdo o El misterio de las páginas venideras

Advertencia: El autor buscará lucirse más que el texto mismo.
Las sábanas todavía no se ponen pegajosas, eso es bueno. La lluvia también me gusta.
Abandono, no por imposible sino por agotador, el intento de dormir con un ojo y leer con el otro.
Soy como una cabeza decapitaba que trata de hablar pero siente que entre las cuerdas vocales destrozadas sólo se escapa aire frío… Eso sí, puedo pensar…
¡Cuidado! ¡Aún no tengo la cabeza lo suficientemente podrida como para escribir cosas dulces!
Cuando la cama se vuelve hostil, y la heladera es una tumba vacía, no queda otra que pegarse unas vueltas.
Como no creo en la lectura de las manos, no me pesa llevar el destino encima al enfrentarme a las calles inundadas de chocolate con olor a reptil.
Por supuesto, no encuentro taxi. Espero. Espero hasta que una procesión de disfrazados cachetean el silencio, y la noche, siempre con una respuesta en su mano de tantos dedos, se llena de banderitas rojas.
El problema es que uno no sabe a donde ir

Precaución: Las palabras –al menos las de esta factoría– son como pastillas desodorantes en el inodoro; la cosa huele bien, pero la mierda sigue estando.
A pesar de la retórica, caí en el lugar común de visitar a ¨mi chica¨ de entonces. Era la segunda vez que iba a su departamento. Todo sale raro
Todo sale raro. La utilería de su pieza no logra convencerme; algo en su falsedad me parece verdadero. Pero eso no es lo único, ni lo peor: comparado con la primera vez que estuve ahí, esta vez el misterio es más directo. Y soy cobarde (no cagón)…
Aviso: Me sentía como pateando el ojo de un enano, ¿nunca pateaste el ojo de un enano?
El tachero se da vuelta y veo que el epicentro de su cara es un buen par de orejas de coliflor.
Éste es de los que encuentran un pelo y se lo guardan en el bolsillo, pienso.
Tomándose una atribución tan fuera de lugar como absurda, me avisa, con gesto de conductor de noticiero anunciando una catástrofe, que llegamos. De X a Y; de Y a X…

Nota: Mi birome es una vena drogadicta con sed, que por una llaga –¡Arde y Rasco!– susurra letras que a veces chocan en palabras… ¿Ésto explica algo?... mmm…
La noche empieza a parecerse a los sueños de fiebre y a tener color de ritual: no es difícil desesperarse cuando se está seguro de que cada gota que golpea la ventana es una historia que se me escapa. Y cada gota se sufre como el fracaso de algo que nunca se empezó.
 Con miedo a volverme adicto a la suerte me pregunto ¨¿qué estaba pensando cuando soñé que eso era una buena idea?¨

Fe de errata:
El aceite de los sueños todavía mancha la almohada.
La sensación es de no terminar de despertarse nunca.
El día pasa lento, sospechoso.

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